A Joan Rovira i Roure, alcalde de Lérida, lo fusilaron porque había organizado el 5 de enero la cabalgata de los Reyes Magos. Al iniciarse la guerra civil española en 1936 los republicanos lo asesinaron por ese "delito". La historia que han contado por décadas sobre la II República y la guerra civil es falsa. No eran demócratas enfrentados a fascistas. Ningún demócrata asesina a un alcalde por sus creencias religiosas
miércoles, 5 de enero de 2022
Mentiras sobre la guerra civil española
jueves, 30 de diciembre de 2021
Lenin y Hitler, vidas paralelas
CONTROVERSIAS
Fernando Rospigliosi
Lenin y
Hitler, vidas paralelas
Aunque sus seguidores se aborrecen,
Vladimir Ilich Ulianov y Adolfo Hitler tienen enormes similitudes.
Ambos tuvieron una desmedida ambición de
poder y con una poderosa voluntad lograron objetivos que nadie hubiera podido
creer que obtendrían, provocando, cuando alcanzaron sus propósitos, catástrofes
espantosas e inenarrables sufrimientos a millones de seres humanos.
Ambos murieron relativamente temprano, Lenin a
los 53 años y Hitler a los 56. Si bien no eran asexuados, no tuvieron una vida
libertina como muchos otros caudillos y dictadores: Lenin solo tuvo una esposa,
Nadezhna Krúpskaya y una amante, Inessa Armand; a Hitler se le conoce a Eva
Braun, con quien se casó en vísperas de su suicidio. Ninguno tuvo hijos. Todas
sus energías y pasiones se volcaron a la política y a su irrefrenable ambición
de poder.
Ambos también eran moderados en otros placeres
mundanos como el comer y beber: Hitler era vegetariano, abstemio y no fumaba.
Lenin no era tan radical, pero estaba cerca. Ambos estaban muy ideologizados y
creían fanáticamente en ciertas ideas, querían reestructurar el mundo de
acuerdo a sus utopías. Ambos vivían íntegramente para la política y enfermaban
como consecuencia de los altibajos de la misma: dolores de cabeza, malestares
estomacales, etc.
A pesar ser individuos ideologizados y
fanatizados, eran absolutamente oportunistas y capaces de las más inverosímiles
alianzas si las consideraban necesarias para su sobrevivencia política. Eran
capaces de pactar con sus peores enemigos para lograr sus fines, táctica que,
por supuesto, criticaban ferozmente cuando la usaban sus adversarios.
Eran totalmente inescrupulosos y carentes de
empatía. No solo ordenaron asesinatos masivos a los esbirros que los
secundaban, sino directamente crímenes atroces, como el asesinato dispuesto por
Lenin del Zar Nicolás II, su esposa, sus 5 hijos adolescentes y menores de edad
y los criados, en julio de 1918. O el asesinato dirigido por Hitler de su
antiguo compañero Ernst Rhöm y varios de sus secuaces en la Noche de los
Cuchillos Largos, en junio de 1934.
Ambos jugaron un papel decisivo en dos de los
acontecimientos más importantes del Siglo XX, la revolución rusa y la Segunda
Guerra Mundial. Cuando en febrero de 1917 el Zar de Rusia fue derrocado y se
estableció un gobierno provisional, todos los partidos opuestos a la autocracia
estaban de acuerdo en establecer un gobierno democrático, incluyendo a los
Socialistas Revolucionarios (partido campesino) y los marxistas bolcheviques y
mencheviques. Los marxistas sostenían que la revolución debería ser por etapas,
una primera democrático burguesa y luego, cuando se hubiera desarrollado el
capitalismo, la segunda etapa socialista. Esta teoría también había sido argumentada
por Lenin. Así, todos respaldaban al gobierno provisional y querían una
asamblea constituyente que estableciera un régimen democrático burgués. Esto comprendía
a los bolcheviques, que sostuvieron eso hasta abril de 1917.
Lenin vivía en Suiza cuando estalló la Primera
Guerra Mundial, y cuando cayó el Zar solo tenía una forma de llegar a Rusia, a
través de Alemania que estaba en guerra con su país. Lenin negoció con
diplomáticos alemanes en Suiza que le brindaron un tren especial, a él y otros
revolucionarios rusos, para que atravesaran Alemania y llegaran a Finlandia,
desde donde se trasladó a Petrogrado, la capital. Así, Lenin se alió
directamente con el Estado Mayor alemán –que en la práctica era el que
gobernaba Alemania-, lo más reaccionario del imperialismo mundial, para llegar
a Rusia y propiciar la derrota de su país. Los militares alemanes querían
provocar un mayor caos en un país enemigo, y lo lograron. (Stéphane Courtois, “Lenin:
El inventor del totalitarismo”)
Esa alianza de Lenin, en cualquier época y parte del mundo, se califica como traición a la patria y tiene la pena de muerte como consecuencia. Lenin no dudó ni un momento en aliarse con los alemanes, de los cuales había recibido subvenciones económicas antes a través de Parvus, un marxista enriquecido con negocios especulativos. (Robert Service, “Lenin. Una biografía”).
Ya en Rusia, con sus “Tesis de abril”, abandonó
todas las teorías que el mismo había formulado y encarriló a los bolcheviques a
asaltar el poder. Vio sagazmente que en medio del caos eso era posible. Y lo
logró con un golpe de mano el 25 de octubre (7 de noviembre en el nuevo
calendario). Sin Lenin muy probablemente no se hubiera producido la revolución
comunista. En ese momento nadie, ni los
bolcheviques se la proponían. (Fernando Rospigliosi, “La revolución que cambió
el mundo”, El Comercio 4/11/17 https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/revolucion-cambio-mundo-fernando-rospigliosi-noticia-471106-noticia/).
En 1939 nadie
quería la guerra. Los que después fueron los aliados, hicieron las más asombrosas
concesiones a Hitler para evitarla. Los políticos de los países democráticos
eran conscientes que sus pueblos, traumatizados por la guerra anterior, no la
querían. Y el dictador totalitario de la URSS se sabía demasiado débil para una
contienda de esa magnitud. El pueblo alemán tampoco quería la guerra (William Shirer,
“Diario de Berlín.1934-1941”), ni los altos mandos militares, ni siquiera los capitostes
nazis (Ian Kershaw, “Hitler”). Solo Hitler, con su diabólica astucia y su
delirante fanatismo, fue capaz de conducir a Alemania a otra guerra que todos
querían evitar.
Y aquí, Hitler realizó también un pacto inaudito:
en agosto de 1939 se alió con Stalin –el cabecilla de lo que denominaba gobierno
“judeo bolchevique”, lo más aborrecible en el mundo- para repartirse Polonia y
recibir materias primas de la URSS que por casi dos años le permitieron
abastecerse para luchar contra sus enemigos occidentales y prepararse para
asaltar a la propia URSS.
A estos personajes les calza lo que decía
Nicolás Maquiavelo, sin la ocasión, su habilidad sería inútil y sin sus
destrezas, la ocasión llegara en vano.
Aunque ambos protagonistas provocaron con sus
fantásticas utopías catástrofes monstruosas, su legado fue distinto. La derrota
de Hitler en la guerra posibilitó que sus funestas ideas fueran repudiadas firmemente
y, en Alemania y otros países, prohibidas legalmente. Sus huesos, recuperados
por los rusos en su bunker en Berlín, fueron molidos y arrojados al río a
principio de la década de 1970.
La momia de Lenin todavía se exhibe en la Plaza
Roja de Moscú, sus ideas se difundieron por décadas y se llevaron a la práctica
en varios países y aunque ahora están completamente desacreditadas, otra perniciosa
variante del marxismo, la inventada por la Escuela de Frankfurt, ha logrado un
éxito impresionante.
Publicado en Lampadia el 29/12/21
https://www.lampadia.com/analisis/otros/lenin-y-hitler-vidas-paralelas
martes, 12 de octubre de 2021
Respuesta a las injurias
Respuesta a las injurias
Fernando Rospigliosi
En los últimos días he sido blanco
de múltiples ataques por haber realizado un trabajo para el partido Fuerza
Popular (FP) el año pasado, consistente en una “Investigación sobre la inseguridad en el Perú, situación actual, problemática
y propuestas de solución”, según los términos de referencia de FP.
Obviamente
las desaforadas agresiones se explican porque los puntos de vista que cotidianamente
sustento a través de medios de comunicación y redes sociales (diario Expreso,
Lampadia, El Reporte, El Pollo Farsante) son críticos a comunistas y caviares,
en particular al actual gobierno y a los que lo respaldan.
Nadie ha
preguntado, por supuesto, en que consistió el trabajo. Solo repiten necedades
como que “se realizó con fondos públicos” o que fue un regalo de FP.
La consultoría
fue pagada con el dinero que le entrega el Estado a todos los partidos legales
y con representación de acuerdo a los votos obtenidos en la última elección.
Eso establece la ley que, dicho sea de paso, fue promovida por los caviares,
que han buscado restringir al mínimo el aporte privado a los partidos
políticos.
El uso
del dinero lo decide cada partido en el marco de lo señalado en la ley.
El
trabajo para FP fue programado para cuatro meses (luego pidieron que lo
entregue un poco antes) y tenía como propósito analizar la situación de la
seguridad ciudadana y formular propuestas para establecer políticas públicas en
este campo.
El
resultado fue un documento de cuatrocientas páginas entregado en los plazos
establecidos y que contó con el apoyo de varias personas que trabajaron en las
diversas fases del proyecto. Como en toda investigación académica, se revisó la
bibliografía pertinente, se recopiló la información -en particular
estadísticas, encuestas, presupuestos, normas legales y su evolución-, se
efectuaron entrevistas en profundidad a personas que han desempeñado cargos
relevantes en el Estado relacionados a la seguridad, se analizó el material y
se formularon recomendaciones para establecer políticas públicas en un tema que
constituye, sin duda, una de las prioridades nacionales.
El índice del informe
proporciona una idea de lo tratado:
La inseguridad en el Perú, situación actual,
problemática y propuestas de solución
ÍNDICE
Resumen
Ejecutivo
1.
Introducción
2.
Conceptualización
3.
La
situación de la seguridad hoy
4.
La
situación de las comisarías
5.
Policía
comunitaria
6.
Serenazgo
y municipios.
7.
La
corrupción en la Policía Nacional
8.
Narcotráfico.
9.
Presupuesto
Mininter y su ejecución.
10.
Presupuesto
PJ y MP
11.
La
situación de los penales.
12.
El
ineficaz populismo penal
13.
¿Es
posible un cambio? Experiencias internacionales
14.
Conclusiones
y recomendaciones. Distrito seguro.
15.
Anexo.
Normas sobre seguridad ciudadana de gobiernos regionales y locales, del sistema
nacional de seguridad ciudadana y la PNP.
Vale la pena precisar
que desde el principio los representantes de FP me informaron que ellos tenían
que reportar a los organismos electorales todo lo relacionado con sus gastos y
que por tanto la información de la consultoría sobre seguridad sería pública. (En
este caso nadie ha descubierto ningún secreto). Naturalmente yo sabía que
cuando eso ocurriera sería objeto de ataques, como en efecto ha sucedido. La
única sorpresa ha sido la intensidad de los mismos, explicables por el contexto
de polarización política y por el hecho de que he asumido un punto de vista
radical y crítico al gobierno. (En verdad, como casi siempre a lo largo de mi
vida).
Evidentemente a ninguno
de los que me han insultado se le ha ocurrido –ni se le ocurrirá- discutir el
tema de la seguridad ciudadana, que fue analizado en el trabajo en mención, y
con cuyos resultados formulé algunas propuestas en la campaña electoral. Eso no
les importa en absoluto. Prefieren apoyar a un gobierno como el actual que no
tiene la más mínima idea de cómo mejorar la seguridad y que solo está
interesado en usar los cargos del gobierno –Ministerio del Interior, servicios
de inteligencia- para favorecer los más deleznables y corruptos intereses
particulares. E injuriar y descalificar a todo aquel que lo denuncie y
desenmascare.
Esa es la calamitosa situación
de la política peruana. Eso es lo que hay que cambiar.
Finalmente, solo
queda agradecer a todos aquellos que me han expresado su solidaridad ante los
ataques de la fauna caviar y comunista.
miércoles, 6 de octubre de 2021
Lepanto
Lepanto
Fernando Rospigliosi
El domingo 7 de octubre de 1571, hace
450 años, la flota del occidente cristiano dirigida por Don Juan de Austria
derrotó en Lepanto, Grecia, a la flota de los turcos otomanos, deteniendo la
expansión del Islam en el Mediterráneo.
El libro de Roger Crowley, “Imperios del
Mar. La batalla final por el Mediterráneo 1521-1580”, describe el avance de los
turcos y como fueron finalmente frenados en Lepanto.
La gigantesca batalla involucró, en
ambos bandos, unos 140,000 hombres y seiscientos barcos.
Al centro de la flota cristiana estaban
los españoles de Don Juan de Austria, medio hermano del rey Felipe II, en su
buque insignia Real. En la Marquesa Miguel de Cervantes de 24 años
comandaba un destacamento de soldados. (En realidad estaban mezclados hasta
cierto punto españoles, venecianos y genoveses, pero predominaban en cada sector
de la flota). A la izquierda los venecianos comandados por Agostino Barbarigo y
a la derecha los genoveses por Juan Andrea Doria, sobrino del famoso almirante
genovés Andrea Doria. Un cuarto escuadrón comandado por el español Álvaro de
Bazán quedó en reserva para acudir donde fuera necesario.
Poco después del medio día chocaron la
nave insignia de Don Juan de Austria, Real,
con la Sultana, del jefe de la flota
turca Alí Pachá. Varias otras naves, cristianas y otomanas se arremolinaron en
ese combate. Soldados de ambos bandos reforzaban constantemente esos buques. Los
turcos abordaron la Real y los
españoles la Sultana. Ese combate feroz
duró más de una hora. Don Juan de Austria, que repartía mandobles con su espada
en la proa de su embarcación fue herido de una cuchillada en la pierna. Alí
Pachá fue muerto de un arcabuzazo, un soldado lo decapitó y su cabeza fue
exhibida clavada en una pica. La bandera cristiana se izó en la Sultana.
En la derecha las cosas no iban bien.
Juan Andrea Doria era reticente a entrar en combate y a perder sus galeras, que
él alquilaba a la flota cristiana. Si un buque se hundía, la pérdida era suya.
El turco Uluj Alí, que se enfrentaba a Doria, lo superaba en habilidad y
decisión. Estuvo a punto de derrotarlo, pero acudieron en su ayuda Don Juan de
Austria y los venecianos que ya habían vencido a sus adversarios. Uluj Alí,
viéndose perdido escapó, con parte de su flota (después se convirtió en un
héroe para los turcos).
En cuatro horas de batalla murieron
40,000 hombres (25,000 otomanos) y se destruyeron un centenar de barcos. Fueron
liberados 12,000 esclavos cristianos que remaban en las galeras turcas.
Lepanto, dice Crowley, “fue un
acontecimiento trascendental que afectó el continente entero y capturó su
imaginación.” Y agrega “la resistencia de Malta y la victoria de Lepanto
detuvieron el avance otomano en el centro del mar”.
sábado, 11 de septiembre de 2021
Afganistán veinte años después
Afganistán veinte años después
Fernando Rospigliosi
En
2001, los Estados Unidos enviaron pequeños destacamentos de las Fuerzas Especiales
del Ejército y paramilitares de la CIA a Afganistán y en un par de meses
derrotaron a los talibanes. Después empezó otra historia.
A
poco de conmemorarse la tragedia del 11 de setiembre de 2001, veinte años
después –como el título de la novela de Alejandro Dumas-, los Estados Unidos evacuaron
de manera ignominiosa Afganistán, abandonando a sus aliados y dejando un país
peor del que encontraron.
Maletas con dólares y
transmisores
Al
día siguiente de los atentados de Nueva York y Washington el presidente George
W. Bush declaró la guerra a los terroristas y, cuando los talibanes se negaron
a entregar a Osama Bin Laden, ordenó la invasión de Afganistan.
Como
cuenta Doug Stanton en su excelente libro “Soldados a caballo. Una
extraordinaria historia de guerra del siglo XXI”, los militares norteamericanos
no estaban preparados para eso. “Normalmente, en la estantería del Departamento
de Defensa había un plan de contingencia para invadir un país [pero] no existía
ningún plan de ese tipo para Afganistán: nada, ni un trozo de papel que
describiera como se podía movilizar hombres y armas para tomar aquel lugar”.
Pero
Bush y el secretario de Defensa Donald Rumsfeld querían acción inmediata. El general
Tommy Franks, jefe del Comando Central de EE.UU. (CETCOM) –que dirigiría luego la
fuerza multinacional que ocupó Afganistán-, dijo que se necesitarían 60,000
hombres y seis meses para hacerlo. Entonces el director de la CIA George Tenet
propuso una alternativa de emergencia, enviar agentes de la agencia y efectivos
de las Fuerza Especiales. Hicieron eso.
El
United States Army Special Forces Command (USASFC) tiene su sede en Fort Bragg
y contaba en ese momento con 9,500 hombres en total, divididos en varias
unidades. El encargado de Oriente Medio y África era el Grupo V.
Básicamente hay dos tipos de fuerzas
especiales. Uno, por ejemplo los SEAL de la Marina –los que acabaron luego con
Bin Laden- o la fuerza Delta del Ejército, pequeños grupos muy especializados
con gran capacidad de acción militar. Dos, los Boinas Verdes, entrenados para captar,
persuadir y ayudar a los enemigos del enemigo, organizarlos, instruirlos,
equiparlos y combatir en guerra irregular.
Los
Boinas Verdes estaban muy venidos a menos luego de la guerra de Vietnam, pero
esta vez cumplieron una labor decisiva en Afganistán.
Los
paramilitares de la CIA y los primeros hombres de las Fuerzas Especiales
empezaron a llegar a Afganistán el 19 de octubre de 2001 y llevaban básicamente
dos armas: maletas llenas de dólares y transmisores.
Trabajaron
sobre todo con la Alianza del Norte, una coalición de tribus y caudillos
militares enfrentada con los talibanes, y también ayudaron a otros señores de
la guerra. Los financiaron y orientaron en los combates.
Los
transmisores sirvieron para dirigir a los bombarderos que despegaban de los portaviones
situados en el Océano Índico y en algunas bases relativamente cercanas. La USAF
jugó un papel muy importante en la derrota militar de los talibanes que
carecían de aviación.
En
tres semanas desde la llegada de la avanzadilla norteamericana, la Alianza del Norte
tomó la importante ciudad de Mazar e Sharif, que precipitó el derrumbe talibán.
En ese momento había menos de 50 militares norteamericanos sobre el terreno.
Stanton
resume así la situación al final de la misión: “aproximadamente 350 soldados de
las Fuerzas Especiales, 100 agentes de la CIA y 15,000 soldados de la tropas
afganas salieron victoriosos” derrotando un ejército de entre 50,000 y 60,000
talibanes. No obstante, desde mediados de diciembre les ordenaron abandonar el
país y en los primeros meses de 2002, cuando todos terminaron de salir de
Afganistán con la talibanes ya derrotados, EE.UU. había gastado apenas 70
millones de dólares en el empeño.
Construir un país,
imponer la democracia
Pero
ese no fue el final de la historia, sino solo el comienzo. Los EE.UU. –y sus
aliados occidentales- se empeñaron en construir un país, donde muchos historiadores
y especialistas dicen que no existe una entidad de esa naturaleza, sino un
conjunto de tribus, clanes y etnias que pelean entre sí, dentro de una frontera
trazada artificialmente por las grandes potencias hace siglos. Y, más equivocados
e imprudentes aún, quisieron establecer una democracia, imponiendo un sistema
político a quienes no querían tenerlo.
Académicos
y políticos norteamericanos como Jeane Kirkpatrick, Samuel Huntington y Henry
Kissinger han criticado esa obstinación de la política exterior norteamericana
que, de un lado, defiende sus intereses, y de otro intenta imponer la
democracia en lugares donde, según muestra la experiencia, no es posible
hacerlo. Y este último propósito muchas veces es contradictorio con sus propios
intereses y lleva a desastres, tanto para los EE.UU. como para los países y
pueblos involucrados.
Eso
ha ocurrido en Afganistán y sucedió también poco después en Irak, donde
derrocaron a un tirano brutal como Sadam Husein (no tenía armas de destrucción
masiva y no albergaba a Al Qaeda), que mantenía el país unido y era un
contrapeso a Irán en esa región. Hoy día –después de decenas de miles de
muertos y miles de millones de dólares gastados- Irak no tiene una democracia, su
pueblo está en la pobreza, y la influencia de Irán es dominante.
O,
después, en Libia, gobernada por un tirano demencial como Muamar Gadafi al que
contribuyeron a derrocar, y hoy se está desintegrando, sumida en el caos y es
refugio para terroristas.
En
ningún caso, esas intervenciones han significado una mejora significativa para
los pueblos de esos países, que se han desangrado –y siguen desangrándose- en
medio de la violencia. Por supuesto, no existe ningún régimen democrático en
esos lugares. Los EE.UU. han perdido miles de vidas, han gastado inútilmente decenas
de miles de millones de dólares y, no menos importante, han perdido
credibilidad, sus aliados hoy día los miran con desconfianza –con justificada
razón- y sus adversarios han avanzado en influencia.
Esas
lecciones no parecen permear ahora a los altos cargos del gobierno
norteamericano.
Es
de esperar que en el futuro el análisis de los reveses ayude a corregir esos
errores. El papel de los EE.UU. en el mundo, aunque disminuido en las últimas
décadas, sigue siendo decisivo.
sábado, 26 de junio de 2021
Apaciguar al chavismo
Fernando Rospigliosi
Algunos ingenuos creen que si los
chavistas que acompañan a Pedro Castillo se hacen del poder serán
neutralizados. Las palabras de algunos asesores recién llegados, que en
realidad no tienen ningún poder de decisión, y absurdas especulaciones sobre
las limitaciones legales que tendrían para plasmar sus planes dictatoriales,
sirven para anestesiar a los incautos. Como si los comunistas tuvieran en
consideración las “pelotudeces democráticas” a la hora de llevar adelante sus
propósitos.
En verdad, la historia está llena de
ejemplos de cómo políticos y ciudadanos más experimentados y capaces que
nuestras débiles y cortesanas élites, se dejaron engatusar por gente más
destructiva todavía que la que hoy amenaza con arrasar al Perú.
Un excelente libro del historiador
británico Tim Bouverie, “Apaciguar a Hitler: Chamberlain, Churchill y
el camino a la guerra” (Penguin Random House, 2021. Kindle) tiene
algunas enseñanzas que es bueno recordar, salvando por supuesto las distancias.
Muchos se burlaban de las limitaciones
del nuevo líder de Alemania y jamás imaginaron que haría lo que hizo:
“La figura de Hitler
tampoco es que aterrorizara a los demócratas amantes de la paz. El Daily
Telegraph se preguntaba cómo un hombre de aspecto tan anodino, «con ese
ridículo bigotillo», podía resultar, para los alemanes, tan «atractivo e
imponente». El News Chronicle, de filiación liberal, se burlaba del triunfo del
«decorador de interiores austriaco», y el Daily Herald, de tendencias
laboristas, se mofaba del «austriaco bajito y rechoncho que daba flácidos
apretones de mano y tenía la mirada esquiva, los ojos pardos y un bigote a lo
Charlie Chaplin». Nada, seguía diciendo el Herald, «en la carrera del pequeño
Adolf Hitler, histérico como una niña y vanidoso como un divo del teatro,
parece indicar que escapará al destino de sus predecesores en el cargo».”
Ahora hay quienes se mofan
de las limitaciones y la ignorancia del oportunista y mentiroso profesor de
primaria, que es incapaz de responder una entrevista o hilvanar algunas ideas
coherentes. O de las propuestas trasnochadas del corrupto jefe del partido. No
entienden que individuos con esas limitaciones, pero inescrupulosos y
ambiciosos, son capaces de embaucar a las masas, sobre todo en períodos de
crisis, y luego llevar a un país a un desastre monumental.
El sentimiento de culpa es
otro de los temas que, hábil y tramposamente utilizados, se convierten en
fuertes argumentos para justificar las tropelías de los que asaltan la
democracia y la destruyen.
“La sensación de que los
aliados tenían la culpa por el ascenso de los nazis fue decisiva para la
política del apaciguamiento. Si Reino Unido y Francia habían «creado» el
nacionalsocialismo, entonces, lógicamente, podían «apaciguarlo» dando respuesta
a las reclamaciones que lo habían hecho prosperar.”
En verdad, como demuestra Bouverie,
eso era falso. El Tratado de Versalles no fue tan oneroso como se hizo creer,
sus duras condiciones se ablandaron con los años y finalmente se deshizo. El
antisemitismo, el nacionalismo y el expansionismo estaban presentes antes de la
derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial y fueron usados y exacerbados
por los nazis para llegar al poder.
Acá se utiliza el fracaso
del Estado –gestionado por izquierdistas en los últimos años- para justificar
que los chavistas se hagan del poder. La corrupción de varios políticos –muchos
de ellos izquierdistas- para justificar que un sentenciado por corrupción
llegue al poder. La desatención de muchas regiones del país gobernadas por
izquierdistas -elegidos por los mismos que votan por Castillo-, para echarle la
culpa a la economía de mercado.
Pero hay algunos intonsos
que se dejan confundir y, culposos, creen que para apaciguar a los que
explícitamente han sostenido que van a liquidar la democracia e imponer una
dictadura chavista como la de Venezuela, hay que tolerar el fraude que han
perpetrado y dejarlos hacerse del poder.
La historia no les ha
enseñado nada. Probablemente tampoco la conocen ni les interesa.
domingo, 7 de marzo de 2021
Vacunas inocuas
Vacunas inocuas
Fernando
Rospigliosi
Una nueva denuncia de Beto Ortiz en
Willax TV ha remecido hasta los cimientos a la coalición que gobierna el país
desde hace varios años, antes con Martín Vizcarra, hoy con Francisco Sagasti.
Esta vez es más grave todavía que la anterior, el caso de los cientos de
personas que abusando de su poder o influencias se vacunaron irregularmente.
Un segundo informe de la Universidad
Peruana Cayetano Heredia (UPCH) sobre el estudio de las vacunas chinas, reveló
que una de ellas, la de Wuhan, tenía una eficacia de 33.5% y la otra, la de
Beijing, solo 11.5%. No se conoce el primer informe y el tercero no está listo
todavía, como sostuvo el doctor Ernesto Bustamante en el referido programa,
pero los resultados mostrados significarían que esas vacunas no cumplen los
estándares mínimos exigidos en todo el mundo para aprobar el uso de una vacuna
contra el coronavirus.
Como era de suponerse, de inmediato la
jauría al servicio de esa coalición se puso en movimiento insultando, mintiendo
y amenazando, como han hecho siempre que se han visto apremiados con
revelaciones que muestran su comportamiento deshonesto, inmoral y corrupto.
Primero dijeron que el informe de la
UPCH era falso, que había sido fabricado. Pero poco después la universidad
admitió que era cierto.
Segundo, dijeron que Ernesto Bustamante,
un científico reputado, graduado en la misma UPCH y PhD por Johns Hopkins, una de las más
prestigiosas universidades norteamericanas, ex jefe del Instituto Nacional de
Salud, no sabía interpretar las cifras del informe. Una recua de ignorantes y
neófitos leyó al revés los datos y aseveró que la vacuna china era
extraordinaria y que Bustamante había leído mal. Por supuesto, no era verdad,
solamente se trataba de una campaña de mentiras que, repetidas mil veces,
buscaban crear confusión.
Tercero, activistas políticos que operan
como académicos universitarios y fungen de jueces de la verdad, sentenciando
siempre que los medios adictos al Gobierno son creíbles y que los críticos no
lo son, sostuvieron con enorme desparpajo que por haber aparecido en el
programa de Beto Ortiz y en Willax esa información debería ser falsa.
Es decir, al haber sido difundida en el
mismo programa que denunció hace poco el vacunagate, que desenmascaró la
podredumbre de los gobiernos de Vizcarra y Sagasti, la información carecía de
veracidad. Solo si fuera propagada por los medios adictos al Gobierno, los que
sobreviven gracias a la publicidad estatal y que han venido apañando durante años
la inmundicia gubernamental, sería creíble.
Por último, los ministros y voceros
oficiosos que han intentado refutar la denuncia, se han limitado a
explicaciones confusas, contradictorias y, eso sí, a proferir amenazas.
Sin duda tienen razón en preocuparse y
en tratar de acallar con mentiras y ataques a los que se han atrevido a
desenmascararlos, porque en este caso su situación está seriamente
comprometida. Probablemente van a tener el mismo destino que Vizcarra y sus
cómplices.
Publicado en El Reporte el 7/3/21



