domingo, 6 de febrero de 2022

El golpe democrático

 El golpe democrático

Fernando Rospigliosi

 

        El académico turco radicado en Estados Unidos Ozan Varol, publicó en la revista jurídica de la Universidad de Harvard un interesante artículo titulado “The Democratic Coup d’État”, El Golpe de Estado Democrático, (Harvard International Law Journal, Vol. 53, No. 2, 2012).

        La tesis principal es que no todos los golpes de Estado son iguales y, aunque muchos son perpetrados por militares ávidos de poder que pretenden perpetuarse indefinidamente, otros buscan reestablecer la democracia. Así:

        La visión convencional, que considera que todos los golpes de Estado son una amenaza para la democracia y la estabilidad, debería reemplazarse por un enfoque más matizado para evaluar su conveniencia que tenga en cuenta los golpes de Estado que producen regímenes democráticos.”

        El autor señala que “según un estudio empírico reciente, en la era posterior a la Guerra Fría, el setenta y cuatro por ciento de los golpes de Estado fueron seguidos por elecciones democráticas en un plazo de cinco años”, aunque precisa que no todos esos golpes encajan en su teoría sobre el golpe democrático. Más bien Varol reconoce que “el golpe democrático es la excepción, no la norma”.

        El autor analiza específicamente tres casos que ejemplifican su teoría, los golpes de Turquía en 1960, Portugal en 1974 y Egipto en 2011. En función de esas –y otras experiencias- Varol concluye que:

aunque todos los golpes militares tienen características antidemocráticas, algunos son claramente más promotores de la democracia que otros porque responden a la oposición popular contra regímenes autoritarios o totalitarios, derrocan esos regímenes y facilitan elecciones libres y justas. Después de un golpe democrático, los militares gobiernan temporalmente la nación como parte de un gobierno interino hasta que se lleven a cabo elecciones democráticas.”

 

        Y luego precisa:

        Propongo que, aunque todos los golpes de Estado tienen rasgos antidemocráticos en la medida en que colocan a los militares en el poder por la fuerza o la amenaza de la fuerza, algunos golpes militares promueven claramente más la democracia que otros. En estos golpes de Estado, los militares responden a la oposición popular contra un régimen autoritario o totalitario, derrocan a ese régimen y facilitan elecciones justas y libres en un corto espacio de tiempo. Aunque los líderes militares, al igual que los civiles, pueden abusar de sus poderes y han abusado de ellos, existen ejemplos de golpes de Estado militares que han logrado la transición de regímenes autoritarios a democracias.”

 

        Para que corresponda a la definición del autor, la consecuencia debe ser que se posibilita la elección democrática del nuevo gobierno:

“Los militares luego entregan el poder a los líderes seleccionados por el pueblo, independientemente de sus identidades y de si sus preferencias políticas están o no en línea con las de los militares.”

        La explicación del comportamiento de los militares en estos casos, según Varol, se explica por:

“el ejército como institución, representada por sus líderes, tiene dos intereses. Primero, el ejército desea preservar y promover su posición privilegiada en la sociedad. Los militares en naciones como Egipto y Turquía disfrutan de muchos privilegios económicos y sociales y es de su propio interés proteger esos privilegios. En segundo lugar, las fuerzas armadas tienen interés en preservar la estabilidad intraestatal. Un régimen inestable es una distracción para las fuerzas armadas y distrae la atención de las fuerzas armadas de su tarea principal, que es defender a la nación de las amenazas externas. Estos dos intereses operan desde el inicio de un golpe democrático hasta su finalización.”

 

        Usualmente el interés principal de los militares es lograr la estabilidad:

“Los militares podrían dar un golpe de estado y tomar el poder del régimen autoritario y supervisar un proceso de transición que culmine con la transferencia del poder al pueblo. Esa opción posibilitaría a los militares permitir el establecimiento de un régimen más estable, emerger a los ojos del pueblo como una institución estatal creíble y preservar sus propios intereses durante un proceso de transición que controlan los propios líderes militares. (…) Sin embargo, tenga en cuenta que el propósito principal de los militares en un golpe democrático no es la promoción de la democracia. Es la preservación de la estabilidad. El establecimiento de un régimen democrático constituye el medio con el que los militares logran el resultado final de la estabilidad intraestatal”.

 

        En suma, una interesante teoría que se aparta de los moldes tradicionales.

El Reporte, 6/2/22

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