martes, 28 de junio de 2022

El doble estándar norteamericano

 

El doble estándar norteamericano

Como los Estados Unidos ayudan a sus enemigos: una crítica de Jeane Kirkpatrick y Henry Kissinger

Fernando Rospigliosi

 

        Hace poco, el 6 de junio, fue detenido en Argentina un avión de una línea aérea venezolana, Emtrasur, y la fiscalía imputó al piloto iraní Gholamreza Ghasemi, miembro de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica (organización considerada terrorista) y a la tripulación -5 iraníes y 14 venezolanos- por su vinculación con el terrorismo. En realidad, todo indica que el avión pertenece a la iraní Qeshm Fars Air, que vuela a veces con la cobertura de otra empresa venezolana. En la nave aérea viajaba un número desusado de supuestos tripulantes que se presume vinculados a actividades terroristas. (https://www.sandiegouniontribune.com/en-espanol/noticias/story/2022-06-21/argentina-fiscal-imputa-a-piloto-irani-de-avion-venezolano; https://www.infobae.com/america/mundo/2022/06/22/escandalo-del-avion-venezolano-irani-en-argentina-el-piloto-tenia-en-su-celular-fotos-de-tanques-y-misiles/).

        El asunto es muy sensible en Argentina, porque como se sabe, los iraníes fueron los responsables de los monstruosos atentados contra la AMIA y la embajada de Israel en Buenos Aires. El 17 de marzo de 1992 un ataque a la embajada causó 22 muertos y 242 heridos. Y el 18 de julio de 1994 un coche bomba en la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) mató a 85 personas e hirió a 300. Los atentados quedaron impunes con la complicidad de sucesivos gobiernos.

        Utilizando sus muy estrechas relaciones con la dictadura de Nicolás Maduro y con otros gobiernos afines, los iraníes están intensificando su penetración en el continente.

        Los iraníes siguen cometiendo atentados en todo el mundo. Hace pocos días, la policía turca detuvo a varios sicarios que pensaban secuestrar y asesinar a turistas israelíes en ese país. (https://elpais.com/internacional/2022-06-23/turquia-desarticula-una-red-irani-que-planeaba-atentar-contra-israelies-en-estambul.html)

        Pero lo peor es que la teocracia iraní avanza inexorablemente en su propósito de construir armas atómicas y tiene la declarada intención de borrar del mapa al Estado de Israel y a todos sus habitantes.

        Una cosa que no se suele recordar ahora, es como ese grupo de enloquecidos fanáticos se hizo del gobierno de un país rico en petróleo y con una tradición cultural milenaria que iluminó a toda esa región durante siglos.

        Lo hicieron gracias a la ayuda del gobierno de los Estados Unidos, que socavó y ayudó a derribar al gobierno del Shah de Irán, Reza Pahlevi, un régimen corrupto y represivo -como hay muchísimos en el mundo entero- pero que era un aliado de los EEUU y eventualmente podía evolucionar, para ser reemplazado por un régimen totalitario, mil veces más represivo y corrupto que el anterior, y que es ahora un peligro para el mundo entero, incluyendo Latinoamérica.

        ¿Cómo los EEUU cometieron un desatino tan colosal? La académica y diplomática Jeane Kirkpatrick, profesora de la Universidad de Georgetown y embajadora de los EEUU en la ONU, lo explicó magistralmente en un artículo publicado pocos meses después de la caída del Shah: “Dictatorships and Double Standards” en la revista Commentary (noviembre 1979). Allí la autora subraya que “no hay duda de que los Estados Unidos ayudaron a la salida del Shah”.

        Con gran perspicacia Kirkpatrick, pocos meses después del derrocamiento del Shah (enero 1979) y de Anastasio Somoza en Nicaragua (julio de 1979), analiza y critica la política de su país que ayuda a sus enemigos y socava a sus aliados -que pueden ser desagradables e incluso repugnantes-, para que los reemplacen regímenes mucho peores, en todo sentido. Y recuerda que antes han hecho lo mismo en los casos de China y Cuba.

 

“Pero una vez que opositores violentos lanzaron una ofensiva, todo cambió. La aparición de una oposición seria y violenta en Irán y Nicaragua puso en movimiento una sucesión de hechos que mostraban sugestivas similitudes entre ambos, además de un parecido sugerente con nuestra conducta en China antes de la caída de Chiang Kai-shek, en Cuba antes del triunfo de Castro (…) En cada uno de estos países, el esfuerzo norteamericano por imponer la liberalización y la democratización a un gobierno enfrentado a una violenta oposición interna no sólo falló, sino que en realidad ayudó a la toma del poder por nuevos regímenes bajo los cuales las personas comunes gozan de menos libertades y menos seguridad personal que bajo las autocracias anteriores; más aún, regímenes hostiles a los intereses y políticas norteamericanos.”

 

       

Aquí la autora señala otra de las características de esta política, la bienintencionada abstracción de pretender que un sistema político como el norteamericano puede ser exportado e impuesto rápidamente en sociedades que tienen una historia y una cultura diferentes. El resultado es casi siempre el mismo, lo que en realidad resulta es que los partidarios del totalitarismo se aprovechan del debilitamiento de los gobiernos para imponerse y aplastar toda posibilidad de resistencia.

Kirkpatrick añade otro elemento importante que se deriva de esta política equivocada: los amigos se dan cuenta que no se puede confiar en los EEUU.

 

“En cualquier caso, los Estados Unidos, por su propia falta de comprensión de la situación, habrán sido llevados a ayudar activamente a derrocar a un amigo y aliado de otro tiempo y a instalar un gobierno hostil a los intereses y políticas norteamericanos en el mundo. (…) Y en todas partes nuestros amigos se habrán dado cuenta que no se puede contar con Estados Unidos en tiempos difíciles, y nuestros enemigos habrán notado que el apoyo norteamericano no proporciona ninguna seguridad frente al avance de la historia.”

 

        La autora remarca que no era inevitable que esos gobiernos aliados cayeran, sino que luego que hubieron derrotado a sus violentos opositores, la acción de los EEUU fue decisiva para derribarlos.

 

“Después que el régimen de Somoza derrotara la primera ola de violencia sandinista, los Estados Unidos terminaron con la ayuda, impusieron sanciones y dieron otros pasos que minaron el status y la credibilidad del gobierno en los asuntos domésticos y extranjeros. (…) el Departamento de Estado norteamericano designó un nuevo embajador, quien rehusó presentar sus credenciales a Somoza, a pesar de que éste era aún jefe de Estado, y propuso reemplazar al gobierno por "un gobierno provisional de base amplia que incluiría representantes de las guerrillas sandinistas".”

 

Ella insiste en que, en la base del problema, está la errada creencia de los liberales norteamericanos (izquierdistas o caviares se les denomina hoy), que se puede obligar a otras sociedades a adoptar un sistema político que ellos creen el mejor.

 

“no hay una idea que domine tanto en la mente de los norteamericanos educados como la creencia de que es posible democratizar los gobiernos en cualquier tiempo, lugar o circunstancia. Esta noción está desmentida por gran cantidad de evidencia basada en la experiencia de docenas de países que han intentado con más o menos (generalmente menos) éxito cambiar de un gobierno autocrático a uno democrático.”

 

Cegados por su ideología, minaron y debilitaron a las dictaduras aliadas a pesar que era evidente que sus sueños serían irrealizables y que los beneficiarios de esa política suicida serían los peores enemigos de la democracia y de los EEUU.

 

“Ni en Nicaragua ni en Irán se dieron cuenta que el único resultado probable de un esfuerzo para reemplazar a un autócrata por uno de sus críticos moderados o por una "coalición de amplia participación", será la destrucción de los fundamentos del régimen existente, sin que esto lleve a la nación más cerca de la democracia. Y, sin embargo, este resultado era absolutamente predecible.”

 

Y luego esboza lo que sería una teoría que tuvo importancia en los años siguientes: la diferencia entre gobiernos autoritarios, que eventualmente pueden evolucionar hacia una democratización y los totalitarios, que no cambian y que solo terminan cuando son derribados.

 

“las autocracias de derecha algunas veces evolucionan efectivamente en democracias, si se dan el tiempo, las circunstancias económicas, sociales y políticas propicias, líderes talentosos, y una fuerte demanda de los ciudadanos por un gobierno representativo.”

 

     Lo peor de todo es algunos políticos norteamericanos no aprendieron la lección y han seguido cometiendo similares errores. Por ejemplo, invadieron con argumentos falsos Irak en 2003 –armas de destrucción masiva- y derribaron al régimen corrupto y represivo de Sadam Hussein, que era un contrapeso en esa región a la teocracia iraní (sostuvieron una desgastadora guerra entre 1980 y 1988).

     El resultado es que después de cientos de miles de muertos irakíes, y decenas de miles de millones de dólares gastados, Irak vive en el caos, con gobiernos débiles y favorables a la teocracia iraní que tiene ahora una gran influencia en ese país.

     En América Latina, como también observó Kirkpatrick, fueron decisivos en derribar al gobierno corrupto y represivo de Anastasio Somoza, un aliado de los EEUU, para instalar a un gobierno más corrupto y más represivo, el de Daniel Ortega, un enemigo de los EEUU, el mismo que sigue en el poder hoy –después de un breve interregno democrático-, 43 años después que los norteamericanos lo ayudaron a llegar ahí.

     ¿Se ha renovado la política norteamericana en Latinoamérica? Todo indica que no. Siguen siendo complacientes con sus enemigos y es probable que de opongan a cualquier intento de desalojarlos.

     Lo que Kirkpatrick señala como el doble estándar de la política norteamericana, es que son muy severos con sus aliados cuando no cumplen las reglas de los que ellos creen que es un buen gobierno, y hacen lo posible por derribarlos si es que aparece una oposición violenta. Y son muchas veces blandos y complacientes con sus enemigos, a los cuales sí les reconocen el derecho a hacer lo que les da la gana en sus países.

 

        “Los principios de autodeterminación y de no intervención son aplicados selectivamente. Parecemos aceptar el statu quo en las naciones comunistas (en nombre de la "diversidad" y autonomía nacional), pero no en naciones gobernadas por dictadores de "derecha".”

 

 

     Más de medio siglo después del premonitorio análisis de Kirkpatrick, Henry Kissinger, otro académico y diplomático, coincide en su último libro “Orden Mundial” (2015), en que los EEUU fueron decisivos en la caída del Shah de Irán, aunque utiliza un lenguaje más suave:

 

        “Irónicamente, la llegada de los ayatolás al poder fue favorecida en sus últimas etapas por la disociación de Estados Unidos del régimen existente, en la errónea creencia de que el cambio que se avecinaba aceleraría el advenimiento de la democracia y fortalecería los lazos con Irán.”

 

     Kissinger critica también ese doble estándar en la política exterior norteamericana y propone volver a los principios westfalianos (refiriéndose a la paz de Westfalia, 1648). Lo que él sugiere es la adopción de una política procedimental de reconocimiento de los estados y la no injerencia en sus asuntos internos:

 

“La Paz de Westfalia reflejó una adaptación práctica a la realidad, no una visión moral única. Se basaba en un sistema de estados independientes que se abstuvieran de interferir en los asuntos internos ajenos y controlaran mutuamente sus ambiciones a través de un equilibrio general del poder.”

(…)

“La genialidad de este sistema, y la razón de que se extendiera por todo el mundo, era que sus disposiciones eran procedimentales, no sustanciales. Si un Estado aceptaba estos requerimientos básicos podía ser reconocido como un órgano internacional capaz de mantener su propia cultura, política, religión y políticas internas, y protegido de cualquier intervención externa por el sistema internacional.”

(…)

        “La relevancia universal del sistema westfaliano derivaba de su naturaleza procedimental: vale decir, neutral. Sus reglas eran accesibles a cualquier país: no injerencia en los asuntos internos de otros estados; inviolabilidad de las fronteras; soberanía de los estados; mantenimiento del derecho internacional.”

 

        En síntesis, es importante recordar hoy algunas de las consecuencias de este doble estándar de la política norteamericana, aplicada sobre todo por los gobiernos demócratas aunque no solo por ellos. Las fundamentadas críticas de esos brillantes académicos y diplomáticos –Kirkpatrick y Kissinger-, parecen no haber tenido la influencia que merecían entre los decisores de ese país.

Lo que sí es evidente ahora es que el mundo ha cambiado y que hay otros países que son más proclives a adherir a los principios westfalianos.

 

 








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