domingo, 31 de mayo de 2020

Lo que viene: desborde social y delincuencia

Fernando Rospigliosi 

(Publicado en El Reporte, periódico digital dirigido por Mijael Garrido-Lecca, 31 de mayo de 2020)

La estrategia del Gobierno ante la crisis del coronavirus ha arruinado la economía y no ha detenido los contagios ni las muertes. Ha sido un fracaso completo. Y una de las consecuencias será el desborde social que sobrevendrá, en particular un incremento descomunal de la delincuencia y la violencia. 

La impresionante cifra de la pérdida de 1 ´216,000 empleos solamente en Lima durante el trimestre de febrero a abril (El Comercio, 16/5/20), es solo un pequeño adelanto de lo que va a ocurrir en el país a consecuencia del desastre que está provocando la absurda cuarentena impuesta por el Gobierno. Millones de peruanos que vivían precariamente, al borde de la pobreza, caerán ahora en la miseria absoluta. Muchas empresas van a quebrar. 

El desborde social se va a expresar de diversas maneras. Una de ellas será el incremento de los conflictos sociales y las protestas de diversa naturaleza, que irán acompañadas de manifestaciones de violencia: bloqueos de carreteras y vías urbanas, ataques a la propiedad pública y privada, enfrentamientos con las fuerzas del orden. 

Otra más peligrosa será la de los saqueos a mercados y supermercados, a vehículos de transportes de alimentos y otros bienes, etc. 

Y el aumento exponencial de la delincuencia, que recurrirá métodos cada vez más violentos para sus propósitos. 

Un adelanto de lo que va a suceder es el incremento de los robos desde principios de abril en Lima. (Perú21, 23/5/20). Al comienzo de la cuarentena los delitos disminuyeron drásticamente por la imposibilidad de circular, el toque de queda y la fuerte presencia de las fuerzas del orden en las calles. Pero aún en cuarentena, durante abril y mayo los delitos han ido creciendo y probablemente seguirán aumentando hasta dispararse exponencialmente cuando finalice la inmovilización obligatoria. 

¿Cómo debería enfrentar esta ola delictiva el Estado? A estas alturas ya debería estar planificándose una respuesta que incluya algunos asuntos básicos. En primer lugar, determinar geográficamente los lugares más afectados por la catástrofe económica y los grupos más perjudicados –jóvenes por ejemplo que puedan ser propensos a realizar actos delictivos, para desarrollar programas que den ocupación y alivien la pobreza. 

En segundo lugar, en lo que respecta al combate al delito, el Gobierno tendría que concentrarse en los delitos menores, que son los que más afectan al grueso de la población: robos callejeros, arrebatos, asaltos a las viviendas, etc. Eso es lo más difícil de hacer. Para ello hay que fortalecer las comisarías, usualmente lo menos importante en las prioridades del Ministerio del Interior (Mininter) y la Policía Nacional. Eso implica reentrenar a los efectivos que laboran en las comisarías para que brinden una atención adecuada y eficiente a los ciudadanos, de tal manera que se incrementen las denuncias por delitos. Es sabido que la gran mayoría no hace las denuncias porque lo considera una pérdida de tiempo y porque es engorroso. Si no hay denuncias no se puede construir mapas del delito, que son indispensables para una respuesta adecuada. 

En tercer lugar, hay que reforzar la investigación criminal a nivel de las comisarías, cosa hoy completamente abandonada. La investigación criminal en la práctica solo existe en las grandes unidades como la Dirincri, y no donde es más necesaria, en los distritos, en las comisarías. A lo único que se le ha dado relativa importancia es al otro elemento indispensable, el patrullaje, pero solo adquiriendo miles de vehículos – muchas veces inadecuados para esa labor- , pero sin distribuirlos donde son necesarios y, sobre todo, sin una planificación precisa de su desplazamiento. Para un patrullaje eficaz se requiere tener un mapa del delito actualizado, lugares, horas de mayor incidencia, etc. 

Y junto con eso, en cuarto lugar, se necesita un Centro de Comando y Control (C4) que es increíble que no exista hoy día en Lima, una ciudad de más de diez millones de habitantes. Un Centro que integre cámaras de vigilancia de la policía, los distritos, las empresas privadas, que tenga comunicaciones apropiadas y que sea capaz de reaccionar rápidamente ante las emergencias. Las comunicaciones policiales, por ejemplo, son hoy día muy deficientes, y no por falta de dinero –en años anteriores el Mininter tuvo miles de millones de soles para invertir- sino por corrupción y malas compras, en particular en el nefasto gobierno de Ollanta Humala y Nadine Heredia.

En quinto lugar, se requiere aliviar el hacinamiento en los penales, diferenciar a delincuentes primarios de avezados, poner en práctica leyes que ya existen para castigar pequeños delitos con trabajo comunitario, etc. 

Estas son algunas ideas que habría que poner en práctica de inmediato. Puede hacerse. 

El asunto es que probablemente la respuesta será otra. Lo que ha ocurrido en las últimas décadas es que los políticos suelen recurrir a medidas artificiosas que solo empeoran la situación. Por ejemplo, apelarán al populismo penal, aumentar las penas –que en general ya son altas- , cosa que se hace fácilmente y no sirve para nada. Porque primero hay que atrapar al delincuente, luego acusarlo, después probarle el delito y finalmente tener una cárcel donde ponerlo. Nada de eso se hace con rapidez y eficiencia en el Perú de hoy y lo único que se logra es sobrecargar al sistema de justicia inoperante y corrupto, y seguir atiborrando las cárceles que son escuela de delincuentes. 

La otra respuesta facilista –y muy popular- es involucrar a los militares en la lucha contra la delincuencia, tarea para la que no están preparados y que, en la experiencia de muchos países de la región, se ha demostrado errada, provocando más problemas que los que resuelve. 

Esas son las opciones, habrá que observar el desempeño de las autoridades.

lunes, 25 de mayo de 2020

Encubriendo el fracaso

Publicado en El Comercio el sábado 23 de mayo de 2020


CONTROVERSIAS
Fernando Rospigliosi

Encubriendo el fracaso

        En su insufrible y confuso monólogo del viernes, el presidente no rectificó su política errónea, pero admitió que la cuarentena no podía seguir igual.

        Las cifras de fallecidos durante las últimas semanas publicadas por diversos medios hacen inocultable la realidad del impacto del coronavirus en el Perú y, al mismo tiempo, los datos de la catástrofe económica durante la cuarentena muestran el abismo en el que se está hundiendo el país. Lo primero era prácticamente inevitable, lo segundo no.

        El periodista John Burn-Murdoch del “Financial Times” señaló que el “Perú puede estar luchando contra el brote más severo del mundo. A nivel nacional, las muertes aumentaron un 81% frente a lo normal. 8,000 muertes en exceso versus 1,800 muertes de Covid reportadas [por el Gobierno]”. El método que usó fue comparar las muertes ocurridas el año pasado con las de este año y ese fue el resultado. El Comercio lo dijo el jueves pasado: “Coronavirus en Perú: hay 9.213 muertos más en relación al año pasado”.

        Hoy día, 10 semanas después de iniciada la cuarentena, el virus está fuera de control y se sigue expandiendo, el sistema de salud ha colapsado y la economía se está arruinando. No cabe duda alguna que la estrategia del Gobierno fracasó.

Lo grave es que era totalmente previsible que esto ocurriera. En un país con 70% de informalidad y con un sistema de salud precario era imposible que funcionaran políticas como las que el Gobierno prometió poner en práctica: hacer pruebas, detectar y aislar a los contagiados, detener la expansión del virus y reequipar los hospitales para atender a los infectados.

El problema no ha radicado solamente en un Estado ineficiente en un país relativamente pobre, sino en tener además un gobierno incompetente que empeoró las cosas con medidas desatinadas. Ahora muchos reconocen varios de los errores obvios como comprimir las horas de atención de mercados, supermercados, farmacias, bancos, etc. con toque de queda, días enteros de cierre total, alternancia de hombres y mujeres. También la incapacidad y la corrupción en la adquisición de pruebas moleculares, ventiladores, mascarillas y otros implementos; en la protección y atención de médicos, enfermeras, policías.

Pero todo esto, insisto, solo ha agravado lo que era inevitable, la propagación del virus. Teniendo en cuenta la realidad del país lo razonable hubiera sido adoptar una estrategia intermedia, prohibiendo aglomeraciones, masificando el uso de mascarillas y distanciamiento social, pero no agudizando el problema con una cuarentena estricta que despoja de ingresos a millones que viven al día y arruina la economía formal que es la que sostiene al país. La magnitud de la crisis económica sí era evitable y es de total responsabilidad del Gobierno.

No obstante, el Gobierno, arropado por el casi unánime respaldo de opiniones y medios de comunicación, ha persistido en el error. ¿Es que nadie se daba cuenta? ¿Por qué fuimos poquísimos los que advertimos desde el principio este resultado? Nicolás Maquiavelo lo explicó hace 5 siglos:

Pues generalmente los hombres juzgan más por los ojos que por los demás sentidos, y pudiendo ver todos, pocos comprenden bien lo que ven. Todos verán lo que aparentas, pocos sabrán lo que eres, y estos pocos no se atreverán a ponerse en contra de la inmensa mayoría, que tiene de su parte la fuerza oficial del Estado.” Es decir, la mayoría se deja llevar y engañar por las apariencias y los pocos que teniendo conocimiento, experiencia e información se dan cuenta de la realidad no se atreven a contradecir a esa mayoría y, sobre todo, al Gobierno.

Pero el mismo Maquiavelo advierte que “el carácter de los pueblos es tan voluble que fácilmente se les persuade de una cosa, pero difícilmente persisten en ella, conviniendo organizar el régimen de modo que, cuando no le crean, se les pueda hacer creer por la fuerza”. Como para esto último no bastan las amenazas del presidente, ni el respaldo de muchos medios de comunicación, ni las alabanzas de los adulones y prebendarios, las cosas se le van a complicar al Gobierno que no tiene medios suficientes para obligar a creer a la mayoría.

El cuento de que la gente tiene la culpa todavía es atractivo para algunos aunque es irrazonable. ¿Qué podía esperarse con una mayoría de informales que viven al margen de las normas (cultura combi), con una alta proporción de personas que subsisten al día, sin refrigerador, sin agua potable? Para diseñar una política eficaz hay que partir de esta realidad.
En conclusión, el tener un Gobierno inepto en circunstancias de una crisis global como la actual, ha agravado y potenciado un desastre que era predecible.



martes, 31 de marzo de 2020

En defensa de la ley

Fernando Rospigliosi

        La ley de protección policial N° 31012, promulgada por el Congreso el 27 de marzo no solo es constitucional sino necesaria.
        La norma deroga el decreto legislativo del nefasto gobierno de Ollanta Humala que instituía la “proporcionalidad” en el uso de la fuerza y establece que “el principio de razonabilidad de medios será interpretado a favor del personal policial interviniente, estableciendo mecanismos procesales que eviten menoscabar el principio de autoridad policial”. (Art. 1°).
        La “proporcionalidad” era interpretada por el usualmente chapucero sistema judicial en detrimento de la policía (y de los civiles) y a favor de los delincuentes. Si un facineroso atacaba con un cuchillo, un garrote o un hacha, el policía (o el civil agredido) debería enfrentarlo con un cuchillo, un garrote o un hacha para que el uso de la fuerza sea “proporcional”. Si el policía (o el civil) le disparaba con un arma de fuego, era un uso “desproporcionado” de la fuerza y el policía (o el civil) iba preso o sometido a un interminable proceso judicial y su carrera arruinada.
        Eso, por supuesto, es una necedad. El policía (o el civil) no está en el mismo plano que el delincuente en el momento de una agresión. El policía (o el civil) debe utilizar todas las ventajas a su alcance –si las tiene- para neutralizar al agresor. Otra cosa es cuando el delincuente está rendido e incapacitado, en cuyo caso, naturalmente, tiene derecho a que se respete su integridad y su vida. Pero en el enfrentamiento, insisto, el delincuente y el policía (o el civil), no tienen los mismos derechos.
        En el caso de los civiles, la “proporcionalidad” se cambió por la “racionalidad” en una ley que yo propuse cuando fui ministro del Interior y que fue aprobada por el Congreso (N° 27936). Allí se modifica el Código Penal señalándose que está “exento de responsabilidad penal” en caso de agresión cuando hay:
        Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla. Se excluye para la valoración de este requisito el criterio de proporcionalidad de medios, considerándose en su lugar, entre otras circunstancias, la intensidad y peligrosidad de la agresión, la forma de proceder del agresor y los medios de que se disponga para la defensa”.
Pero, como he señalado, el calamitoso gobierno de Humala estableció nuevamente la proporcionalidad para la policía, con lo cual varios policías en el último tiempo han sido enviados a prisión preventiva por haberse enfrentado haciendo uso de sus armas a los delincuentes. Esto, como se puede entender fácilmente, desalienta a los policías y se convierte en un motivo o excusa para que rehúyan el cumplimiento de sus funciones.
El tramposo y falaz argumento de que la ley de protección policial N° 31012 es una ley de “impunidad” que están usando los necios de siempre para impugnarla queda desvirtuado si se revisa la ley que establece claramente que:
Artículo 3°. El Policía Nacional del Perú que hace uso de sus armas o medios de defensa, contraviniendo la Constitución Política del Perú, las normas del Derecho Internacional de los Derechos Humanos reconocidas por el Estado peruano y la presente ley, incurrirá en responsabilidad penal y no se aplicará los beneficios de la presente ley.
        Si un policía borracho en una cantina le dispara a un parroquiano, no está protegido por la ley. Si un policía integra una banda de asaltantes y usa un arma, no está protegido por la ley. Si un policía le dispara a un delincuente que está rendido, desarmado y anulado, no está protegido por la ley.
        La ley de protección policial otorga protección legal:
       
Artículo 1°. (…) “al personal de la Policía Nacional del Perú que, en ejercicio regular de su función constitucional, hace uso de sus armas o medios de defensa, en forma reglamentaria causando lesiones o muerte y brindar el servicio de asesoría y defensa legal gratuita al personal policial, que afronta una investigación fiscal o un proceso penal o civil derivado del cumplimiento de la función policial (…).
En estas circunstancias al ejercer su derecho a su legítima defensa y de la sociedad establecido en la ley, el principio de razonabilidad de medios será interpretado a favor del personal policial interviniente, estableciendo mecanismos procesales que eviten menoscabar el principio de autoridad policial.”

        Y el artículo 2° reitera:
La presente ley tiene por finalidad garantizar la eficiencia del servicio que presta el personal policial en el cumplimiento de su función constitucional, cuando hacen uso de sus armas o medios de defensa en forma reglamentaria y de esta manera gocen de la protección legal del Estado.
        Es decir, está clarísimo que esta ley protege a los policías que hacen uso de sus armas en el marco de la Constitución, de la ley y del reglamento y que, por tanto, no otorga impunidad a los policías que violen la ley.
        Pero ya empezó el cargamontón contra la ley –y contra las fuerzas del orden- con argumentos mendaces. Tampoco es verdad, como dicen los detractores de la ley, que sea inconstitucional, como bien han precisado Víctor García Toma –ex presidente del TC- y los constitucionalistas Aníbal Quiroga y Natale Amprimo.
        El proyecto de ley fue presentado por el congresista Jorge del Castillo y aprobado por el Congreso disuelto en julio del año pasado, pero el gobierno de Martín Vizcarra no la promulgó. En su momento fue objetada por el indescriptible Vicente Zeballos, en ese momento ministro de Justicia. Por eso el nuevo Congreso, en uso de sus facultades, la ha promulgado.
        Pero los necios no se darán por vencidos y arremeterán contra la ley, con la ayuda de por lo menos parte del gobierno.
        En realidad es una ley necesaria en toda circunstancia, pero hoy día indispensable, no para usarla en la cuarentena y el toque de queda, como dicen algunos tontos –en este contexto las fuerzas del orden no deben hacer uso de sus armas contra el que sale a pasear al perro o botar la basura-, sino para lo que va a venir luego, con la inevitable crisis económica y aumento de la delincuencia.

miércoles, 8 de enero de 2020

Baltimore: prohíben armas, aumentan homicidios


El siguiente artículo de Ryan McMaken del Instituto Mises es ilustrativo sobre como la prohibición de armas a los civiles no solo no disminuye los crímenes violentos sino los aumenta. (FR)


La tasa de homicidios de Baltimore es diez veces mayor que la tasa de EE. UU.



Ryan McMaken



Los datos de homicidios más recientes del FBI (2017) muestran que la ciudad de Baltimore tiene una tasa de homicidios de 55.8 por 100,000 habitantes, una tasa de homicidios comparable a El Salvador (60 por 100,000) y Venezuela (56 por 100,000). Baltimore tiene más homicidios per cápita que Honduras, Guatemala, Sudáfrica y Brasil.

En otras palabras, el problema de homicidios de Baltimore es peor que el de muchos de los países más violentos del mundo.


En contraste, la tasa de homicidios en los EE. UU. en 2017 fue de 5.3 por 100,000, lo que hace que la tasa de homicidios en Baltimore sea diez veces mayor que la de los EE. UU.


Además, la brecha entre la tasa de homicidios de EE. UU. y la tasa de homicidios de Baltimore ha empeorado en la última década. La tasa de Estados Unidos ha caído desde 2007, pero ha aumentado significativamente en Baltimore durante ese tiempo.


Esta brecha también ayuda a ilustrar lo absurdo de referirse al "problema de homicidios de Estados Unidos ", cuando la abrumadora mayoría de los estadounidenses viven en lugares con tasas de homicidios que son una pequeña fracción de los lugares conocidos por asesinatos frecuentes.


Por ejemplo, si observamos la tasa de homicidios en el área metropolitana de Baltimore, pero eliminamos los homicidios de la ciudad central, encontramos que la tasa de homicidios fue de 3.5 por 100,000 en 2017. Eso hace que el metro de Baltimore, excluyendo la ciudad central, sea uno de los lugares más seguros del país y del hemisferio occidental, similar al de Manitoba o Saskatchewan en Canadá.

CONTROL DE ARMAS FALLIDO

No es coincidencia que Baltimore se encuentre en un estado que "se jacta" de tener algunas de las leyes de armas más estrictas del país.

Según el Centro de Giffords a favor del control de armas, Maryland es el "cuarto más fuerte" en términos de restricciones de armas.

Estas restricciones se fortalecieron sustancialmente en 2013 con la adopción de la Ley de Seguridad de Armas de Fuego de 2013. Pero, como ha señalado el investigador Brian Bissett, las muertes por disparos en Baltimore aumentaron significativamente después de 2013, incluso cuando la población disminuyó:


Los tiroteos disminuyeron y la pérdida de población se estabilizó en la ciudad de Baltimore antes de la aprobación de la LEY DE SEGURIDAD DE ARMAS DE FUEGO DE 2013.


En 2015, las MUERTES por DISPAROS en la ciudad de Baltimore se duplicaron aproximadamente y no han caído desde entonces. Baltimore tiene un promedio de 275 a 300 personas asesinadas a tiros cada año, y antes de la aprobación de la LEY DE SEGURIDAD DE ARMAS DE FUEGO DE 2013 era de 150 a 175. La huida de la población de la ciudad de Baltimore también se reanudó a medida que las personas huían del fuerte aumento de la violencia que impregna todas las áreas de la ciudad de Baltimore".

LA NECESIDAD DE AUTOPROTECCIÓN EN BALTIMORE

La inclinación por aumentar las restricciones de control de armas en Baltimore es especialmente trágica considerando el hecho de que los residentes no tienen motivos para creer que la policía está haciendo mucho para librar a la ciudad de los asesinos.

lunes, 16 de diciembre de 2019

Edmer miente pero sigue de ministro


        Cinco de las afirmaciones del ministro de Transportes Edmer Trujillo para defender el irregular pago de casi 67 millones de soles a una empresa del Club de la Construcción por el hospital de Moquegua cuando era gerente general del Gobierno Regional de Moquegua (GRM), son completamente falsas o medias verdades.
        Así lo demostró El Comercio el sábado 14, desmenuzando la balbuceante defensa que ha intentado el hombre de más confianza del presidente Martín Vizcarra, de los irregulares pagos que hicieron a ICCGSA, una empresa del Club de la Construcción, durante la gestión de ambos en el GRM.
        Y ahora se ha conocido que 3 de los 14 denunciados por la Contraloría por el caso del hospital de Moquegua trabajan en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), a cargo de Edmer Trujillo, con sueldos de 20,000 y 10,000 soles. Edmer, que no cesa de mentir, dice que no tiene nada que ver con la contratación de sus ex colegas del GRM en el MTC. (“Cuarto Poder”, América TV, 15.12.19 y “El Comercio” 16.12.19).
Una mentira tan grande como aquella de que Vizcarra no sabía que el gerente regional le pagó a ICCGSA casi 42 millones de soles el 31 de diciembre de 2014, pitufeados en 133 recibos, el último día de la gestión de ambos en el GRM.
En el breve tiempo que Vizcarra fue Ministro de Transportes en el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, entregó a ICCGSA la construcción de 57 puentes por 404.5 millones de soles, el 22% del presupuesto de inversión del MTC, según el portal Gato encerrado. (11.12.19).
Según ese portal, la relación entre Vizcarra y esa empresa del Club de la Construcción es antigua, pues fueron socios desde 2006. Es decir, la empresa CyM Vizcarra trabajó con ICCGSA en varias obras. Y después, como gobernador regional y ministro le adjudicó obras por cientos de millones de soles.
Las empresas del Club de la Construcción están investigadas por la fiscalía por pagar sobornos a funcionarios públicos para adjudicarse obras.


martes, 10 de diciembre de 2019

Regalo de Navidad de Vizcarra y Morán para los delincuentes


        Hace unos días dos delincuentes armados asaltaron a un ciudadano que estaba dentro de su vehículo en Surco. Rodearon el carro y lo conminaron a bajar. La víctima estaba armada y respondió disparándoles, haciéndolos huir. En video fue difundido por América TV.
Nunca más veremos una escena como esa. Ahora solo veremos a delincuentes asaltando, robando, violando y matando a personas indefensas. El presidente Martín Vizcarra y el ministro del Interior Carlos Morán ya tienen listo un ilegal decreto de urgencia (DU) para prohibir el porte de armas a los civiles honestos, a los que cumplen la ley. (Es ilegal porque los decretos de urgencia son, como su nombre lo indica, sobre materias de urgencia mientras no existe el Congreso, no para derogar y cambiar leyes aprovechando su ausencia).
Ese será el mejor regalo de Navidad del presidente Martín Vizcarra y el ministro del Interior Carlos Morán para los delincuentes que ahora podrán asaltar, secuestrar violar y asesinar sin temor a ser repelidos.
El 3 de diciembre el Ministerio del Interior envió la versión final del DU a la Presidencia del Consejo de Ministros para su promulgación. Solo están esperando el momento. Están son algunas novedades que trae el DU:
El porte de armas quedará prohibido. Los civiles solo podrán tener un arma en su casa o centro de trabajo. En la calle, en la carretera o en cualquier lugar podrán ser asaltados impunemente sin oportunidad de defenderse.
EL DU prohíbe a los civiles las armas de “uso militar y policial”. Las únicas armas de uso militar son las automáticas. No obstante, la trampa está en la definición. Van a prohibir todos los calibres superiores al .380. Es decir, los civiles solo podrán tener armas de pequeño calibre.
Los civiles solo podrán tener un arma para defensa. Si aparece un nuevo modelo de arma o si alguien tiene un revolver y desea adquirir también una pistola, no podrá hacerlo.
Solo se podrán adquirir 100 municiones al año. Ahora se pueden comprar hasta 600 al mes. Para adquirir municiones hay que tener tarjeta de propiedad, licencia y firmar un documento en la tienda, que tiene un registro. Es decir, las autoridades pueden controlar perfectamente –si hacen su trabajo- una eventual compra excesiva de un usuario. Pero lo más fácil es prohibir, para perjudicar al ciudadano. (Según el DU se podría comprar más solo en una galería de tiro para practicar ahí mismo. No se pueden llevar las municiones para practicar, por ejemplo, en un club de tiro.).
Además, los policías también se regirán por esta ley en lo que respecta a sus armas personales.
Esas son algunas de las novedades que los incompetentes Vizcarra y Morán tienen listas para favorecer a los delincuentes, que por supuesto, no cumplen con la ley y poseen todo tipo de armas, incluyendo las de uso militar –automáticas- para cometer sus fechorías.
Está demostrado hasta la saciedad que prohibir las armas a los civiles que cumplen con la ley no disminuye los crímenes sino los aumentan. Además, en un país informal y con corrupción institucionalizada, la prohibición de armas solo será acatada por las personas honestas.
Pero Vizcarra y Morán están empeñados en empeorar la ya muy deteriorada situación de seguridad. Está vez no solamente por su comprobada ineptitud e incapacidad para combatir la delincuencia, sino con una acción ilegal destinada explícita y definidamente a castigar a los ciudadanos y favorecer a los delincuentes.
Cabe añadir que la ley actual, aprobada en el Congreso del gobierno anterior y promulgada en enero de 2015, fue producto de una larguísima discusión, donde se convocaron a expertos militares, policiales y civiles, se estudió la experiencia de la legislación anterior y la de otros países, se discutió entre las diversas bancadas y finalmente se llegó a la actual ley N° 30299.
Ahora Vizcarra y un pequeño grupo de personas, que nadie conoce ni responden ante nadie, pretenden cambiar de la manera más antidemocrática posible, de un plumazo, todo lo avanzado durante años.

martes, 13 de agosto de 2019

Abejicidio en el Cusco


Abejicidio en el Cusco
Fernando Rospigliosi

        El uso de un plagicida tóxico para las abejas en La Convención, Cusco, por parte de autoridades del Ministerio de Agricultura (Minagri), ha desatado las protestas de apicultores de esa región. Ellos dicen que el insecticida GF-120, que se aplica contra la mosca de la fruta, está exterminado a las abejas que son fundamentales para el equilibrio ecológico.
        La Federación Regional de Apicultores del Cusco señala en un pronunciamiento que para el control de la mosca de la fruta se deben buscar “otras alternativas amigables con el medio ambiente que vienen siendo aplicadas en otros países”. (9.8.19)
El GF120, dice Leonel Paz Herrera asesor técnico de la Asociación de Apicultores ecologistas de Echarati, “es un químico cuya descripción señala claramente que es altamente tóxico para las abejas. No se debió comprar ese químico ni aplicarlo en nuestros cultivos” (“La República”, 8.8.19).
Las abejas, además de producir miel son los polinizadores más importantes de las plantas con flores. “Se calcula que la tercera parte de los alimentos humanos son polinizados por insectos, fundamentalmente abejas”. (Wikipedia).
En el mundo entero hay preocupación por la situación de las abejas. Desde mediados de la década pasada se denomina “problema de colapso de colonias” (o Colony Collapse Disorder, CCD, por sus siglas en inglés) a un fenómeno por el que una cantidad considerable de abejas  de una colmena desaparecen abruptamente. Este término se aplica tras un aumento drástico de las desapariciones de colonias de abejas en Norteamérica a finales de 2006.​ El colapso de las colonias es significativo para la economía, porque muchos cultivos, en diferentes partes del mundo, son polinizados por abejas. A partir de 2007, los apicultores europeos observaron fenómenos similares en BélgicaFranciaHolandaGreciaItaliaPortugal y España, y también se emitieron informes preliminares en Suiza y Alemania. (Wikipedia).
Mientras tanto, en Cusco, las autoridades del Minam siguen distribuyendo desaprensivamente el CF-120 en grandes cantidades sin siquiera explicar sus peligros a los agricultores, según denuncian los apicultores.