martes, 28 de junio de 2022

El doble estándar norteamericano

 

El doble estándar norteamericano

Como los Estados Unidos ayudan a sus enemigos: una crítica de Jeane Kirkpatrick y Henry Kissinger

Fernando Rospigliosi

 

        Hace poco, el 6 de junio, fue detenido en Argentina un avión de una línea aérea venezolana, Emtrasur, y la fiscalía imputó al piloto iraní Gholamreza Ghasemi, miembro de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica (organización considerada terrorista) y a la tripulación -5 iraníes y 14 venezolanos- por su vinculación con el terrorismo. En realidad, todo indica que el avión pertenece a la iraní Qeshm Fars Air, que vuela a veces con la cobertura de otra empresa venezolana. En la nave aérea viajaba un número desusado de supuestos tripulantes que se presume vinculados a actividades terroristas. (https://www.sandiegouniontribune.com/en-espanol/noticias/story/2022-06-21/argentina-fiscal-imputa-a-piloto-irani-de-avion-venezolano; https://www.infobae.com/america/mundo/2022/06/22/escandalo-del-avion-venezolano-irani-en-argentina-el-piloto-tenia-en-su-celular-fotos-de-tanques-y-misiles/).

        El asunto es muy sensible en Argentina, porque como se sabe, los iraníes fueron los responsables de los monstruosos atentados contra la AMIA y la embajada de Israel en Buenos Aires. El 17 de marzo de 1992 un ataque a la embajada causó 22 muertos y 242 heridos. Y el 18 de julio de 1994 un coche bomba en la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) mató a 85 personas e hirió a 300. Los atentados quedaron impunes con la complicidad de sucesivos gobiernos.

        Utilizando sus muy estrechas relaciones con la dictadura de Nicolás Maduro y con otros gobiernos afines, los iraníes están intensificando su penetración en el continente.

        Los iraníes siguen cometiendo atentados en todo el mundo. Hace pocos días, la policía turca detuvo a varios sicarios que pensaban secuestrar y asesinar a turistas israelíes en ese país. (https://elpais.com/internacional/2022-06-23/turquia-desarticula-una-red-irani-que-planeaba-atentar-contra-israelies-en-estambul.html)

        Pero lo peor es que la teocracia iraní avanza inexorablemente en su propósito de construir armas atómicas y tiene la declarada intención de borrar del mapa al Estado de Israel y a todos sus habitantes.

        Una cosa que no se suele recordar ahora, es como ese grupo de enloquecidos fanáticos se hizo del gobierno de un país rico en petróleo y con una tradición cultural milenaria que iluminó a toda esa región durante siglos.

        Lo hicieron gracias a la ayuda del gobierno de los Estados Unidos, que socavó y ayudó a derribar al gobierno del Shah de Irán, Reza Pahlevi, un régimen corrupto y represivo -como hay muchísimos en el mundo entero- pero que era un aliado de los EEUU y eventualmente podía evolucionar, para ser reemplazado por un régimen totalitario, mil veces más represivo y corrupto que el anterior, y que es ahora un peligro para el mundo entero, incluyendo Latinoamérica.

        ¿Cómo los EEUU cometieron un desatino tan colosal? La académica y diplomática Jeane Kirkpatrick, profesora de la Universidad de Georgetown y embajadora de los EEUU en la ONU, lo explicó magistralmente en un artículo publicado pocos meses después de la caída del Shah: “Dictatorships and Double Standards” en la revista Commentary (noviembre 1979). Allí la autora subraya que “no hay duda de que los Estados Unidos ayudaron a la salida del Shah”.

        Con gran perspicacia Kirkpatrick, pocos meses después del derrocamiento del Shah (enero 1979) y de Anastasio Somoza en Nicaragua (julio de 1979), analiza y critica la política de su país que ayuda a sus enemigos y socava a sus aliados -que pueden ser desagradables e incluso repugnantes-, para que los reemplacen regímenes mucho peores, en todo sentido. Y recuerda que antes han hecho lo mismo en los casos de China y Cuba.

 

“Pero una vez que opositores violentos lanzaron una ofensiva, todo cambió. La aparición de una oposición seria y violenta en Irán y Nicaragua puso en movimiento una sucesión de hechos que mostraban sugestivas similitudes entre ambos, además de un parecido sugerente con nuestra conducta en China antes de la caída de Chiang Kai-shek, en Cuba antes del triunfo de Castro (…) En cada uno de estos países, el esfuerzo norteamericano por imponer la liberalización y la democratización a un gobierno enfrentado a una violenta oposición interna no sólo falló, sino que en realidad ayudó a la toma del poder por nuevos regímenes bajo los cuales las personas comunes gozan de menos libertades y menos seguridad personal que bajo las autocracias anteriores; más aún, regímenes hostiles a los intereses y políticas norteamericanos.”

 

       

Aquí la autora señala otra de las características de esta política, la bienintencionada abstracción de pretender que un sistema político como el norteamericano puede ser exportado e impuesto rápidamente en sociedades que tienen una historia y una cultura diferentes. El resultado es casi siempre el mismo, lo que en realidad resulta es que los partidarios del totalitarismo se aprovechan del debilitamiento de los gobiernos para imponerse y aplastar toda posibilidad de resistencia.

Kirkpatrick añade otro elemento importante que se deriva de esta política equivocada: los amigos se dan cuenta que no se puede confiar en los EEUU.

 

“En cualquier caso, los Estados Unidos, por su propia falta de comprensión de la situación, habrán sido llevados a ayudar activamente a derrocar a un amigo y aliado de otro tiempo y a instalar un gobierno hostil a los intereses y políticas norteamericanos en el mundo. (…) Y en todas partes nuestros amigos se habrán dado cuenta que no se puede contar con Estados Unidos en tiempos difíciles, y nuestros enemigos habrán notado que el apoyo norteamericano no proporciona ninguna seguridad frente al avance de la historia.”

 

        La autora remarca que no era inevitable que esos gobiernos aliados cayeran, sino que luego que hubieron derrotado a sus violentos opositores, la acción de los EEUU fue decisiva para derribarlos.

 

“Después que el régimen de Somoza derrotara la primera ola de violencia sandinista, los Estados Unidos terminaron con la ayuda, impusieron sanciones y dieron otros pasos que minaron el status y la credibilidad del gobierno en los asuntos domésticos y extranjeros. (…) el Departamento de Estado norteamericano designó un nuevo embajador, quien rehusó presentar sus credenciales a Somoza, a pesar de que éste era aún jefe de Estado, y propuso reemplazar al gobierno por "un gobierno provisional de base amplia que incluiría representantes de las guerrillas sandinistas".”

 

Ella insiste en que, en la base del problema, está la errada creencia de los liberales norteamericanos (izquierdistas o caviares se les denomina hoy), que se puede obligar a otras sociedades a adoptar un sistema político que ellos creen el mejor.

 

“no hay una idea que domine tanto en la mente de los norteamericanos educados como la creencia de que es posible democratizar los gobiernos en cualquier tiempo, lugar o circunstancia. Esta noción está desmentida por gran cantidad de evidencia basada en la experiencia de docenas de países que han intentado con más o menos (generalmente menos) éxito cambiar de un gobierno autocrático a uno democrático.”

 

Cegados por su ideología, minaron y debilitaron a las dictaduras aliadas a pesar que era evidente que sus sueños serían irrealizables y que los beneficiarios de esa política suicida serían los peores enemigos de la democracia y de los EEUU.

 

“Ni en Nicaragua ni en Irán se dieron cuenta que el único resultado probable de un esfuerzo para reemplazar a un autócrata por uno de sus críticos moderados o por una "coalición de amplia participación", será la destrucción de los fundamentos del régimen existente, sin que esto lleve a la nación más cerca de la democracia. Y, sin embargo, este resultado era absolutamente predecible.”

 

Y luego esboza lo que sería una teoría que tuvo importancia en los años siguientes: la diferencia entre gobiernos autoritarios, que eventualmente pueden evolucionar hacia una democratización y los totalitarios, que no cambian y que solo terminan cuando son derribados.

 

“las autocracias de derecha algunas veces evolucionan efectivamente en democracias, si se dan el tiempo, las circunstancias económicas, sociales y políticas propicias, líderes talentosos, y una fuerte demanda de los ciudadanos por un gobierno representativo.”

 

     Lo peor de todo es algunos políticos norteamericanos no aprendieron la lección y han seguido cometiendo similares errores. Por ejemplo, invadieron con argumentos falsos Irak en 2003 –armas de destrucción masiva- y derribaron al régimen corrupto y represivo de Sadam Hussein, que era un contrapeso en esa región a la teocracia iraní (sostuvieron una desgastadora guerra entre 1980 y 1988).

     El resultado es que después de cientos de miles de muertos irakíes, y decenas de miles de millones de dólares gastados, Irak vive en el caos, con gobiernos débiles y favorables a la teocracia iraní que tiene ahora una gran influencia en ese país.

     En América Latina, como también observó Kirkpatrick, fueron decisivos en derribar al gobierno corrupto y represivo de Anastasio Somoza, un aliado de los EEUU, para instalar a un gobierno más corrupto y más represivo, el de Daniel Ortega, un enemigo de los EEUU, el mismo que sigue en el poder hoy –después de un breve interregno democrático-, 43 años después que los norteamericanos lo ayudaron a llegar ahí.

     ¿Se ha renovado la política norteamericana en Latinoamérica? Todo indica que no. Siguen siendo complacientes con sus enemigos y es probable que de opongan a cualquier intento de desalojarlos.

     Lo que Kirkpatrick señala como el doble estándar de la política norteamericana, es que son muy severos con sus aliados cuando no cumplen las reglas de los que ellos creen que es un buen gobierno, y hacen lo posible por derribarlos si es que aparece una oposición violenta. Y son muchas veces blandos y complacientes con sus enemigos, a los cuales sí les reconocen el derecho a hacer lo que les da la gana en sus países.

 

        “Los principios de autodeterminación y de no intervención son aplicados selectivamente. Parecemos aceptar el statu quo en las naciones comunistas (en nombre de la "diversidad" y autonomía nacional), pero no en naciones gobernadas por dictadores de "derecha".”

 

 

     Más de medio siglo después del premonitorio análisis de Kirkpatrick, Henry Kissinger, otro académico y diplomático, coincide en su último libro “Orden Mundial” (2015), en que los EEUU fueron decisivos en la caída del Shah de Irán, aunque utiliza un lenguaje más suave:

 

        “Irónicamente, la llegada de los ayatolás al poder fue favorecida en sus últimas etapas por la disociación de Estados Unidos del régimen existente, en la errónea creencia de que el cambio que se avecinaba aceleraría el advenimiento de la democracia y fortalecería los lazos con Irán.”

 

     Kissinger critica también ese doble estándar en la política exterior norteamericana y propone volver a los principios westfalianos (refiriéndose a la paz de Westfalia, 1648). Lo que él sugiere es la adopción de una política procedimental de reconocimiento de los estados y la no injerencia en sus asuntos internos:

 

“La Paz de Westfalia reflejó una adaptación práctica a la realidad, no una visión moral única. Se basaba en un sistema de estados independientes que se abstuvieran de interferir en los asuntos internos ajenos y controlaran mutuamente sus ambiciones a través de un equilibrio general del poder.”

(…)

“La genialidad de este sistema, y la razón de que se extendiera por todo el mundo, era que sus disposiciones eran procedimentales, no sustanciales. Si un Estado aceptaba estos requerimientos básicos podía ser reconocido como un órgano internacional capaz de mantener su propia cultura, política, religión y políticas internas, y protegido de cualquier intervención externa por el sistema internacional.”

(…)

        “La relevancia universal del sistema westfaliano derivaba de su naturaleza procedimental: vale decir, neutral. Sus reglas eran accesibles a cualquier país: no injerencia en los asuntos internos de otros estados; inviolabilidad de las fronteras; soberanía de los estados; mantenimiento del derecho internacional.”

 

        En síntesis, es importante recordar hoy algunas de las consecuencias de este doble estándar de la política norteamericana, aplicada sobre todo por los gobiernos demócratas aunque no solo por ellos. Las fundamentadas críticas de esos brillantes académicos y diplomáticos –Kirkpatrick y Kissinger-, parecen no haber tenido la influencia que merecían entre los decisores de ese país.

Lo que sí es evidente ahora es que el mundo ha cambiado y que hay otros países que son más proclives a adherir a los principios westfalianos.

 

 








domingo, 5 de junio de 2022

El colapso de la minería

 

El colapso de la minería

Fernando Rospigliosi

 

     


  
El incendio y destrucción del campamento minero de los Chancas, y el último asalto a Las Bambas son dos nuevas evidencias de la crisis que está hundiendo al motor de la economía peruana, la minería, crisis provocada e incentivada por el gobierno. El daño que están produciendo es cada vez más profundo y duradero. Cada día que pasa se ahondan los conflictos que serán muy difíciles de resolver en el futuro. Y a un costo altísimo.

        Es decir, cuando se eche a la gavilla de delincuentes que ha asaltado el gobierno, no se volverá simplemente a la situación anterior empezando desde cero. Los grupos de extorsionadores e ilegales que han realizado las incursiones mencionadas son cada día más fuertes, atraen cada día a más seguidores, y predican con el ejemplo a muchísimos otros que en todo el país observan sus acciones con atención.

        Todos aprenden las lecciones rápidamente. Primero, la impunidad. Pueden hacer lo que les da la gana, violar todas las leyes, y no les va a pasar nada. Antes bloqueaban carreteras y algunas veces eran desalojados. Ahora no solo cierran los caminos sino que asaltan y destruyen instalaciones. Y tampoco les pasa nada.

        Esto no empezó ayer. Como se recuerda, el gran avance, el salto cualitativo –para usar el concepto que gusta a los marxistas-, lo dieron cuando fueron apoyados públicamente –después de destruir varios campamentos mineros- por la entonces premier Mirtha Vásquez, la anti minera que llegó a ese cargo promovida y respaldada por todos los caviares y por los medios de comunicación que controlan, e incluso por un sector empresarial estúpidamente crédulo, que apuesta siempre a acomodarse con cualquier gobierno. Ellos compartían la estrategia que, según Héctor Béjar, había estrenado en los primeros días la embajada norteamericana de “humalizar” al gobierno.

        En segundo lugar, aprenden que pueden ganar mucho con la violencia. En el caso de los Chancas, se trata de mineros ilegales que operan en terrenos de la mina. Es un negocio rentable. No tienen que comprar las tierras, no tienen que obtener los innumerables y engorrosos permisos que demoran años, no respetan el medio ambiente y contaminan sin medida ni clemencia (sin ser perseguidos y atacados por las ONG ambientalistas de los caviares) y, por supuesto, no pagan impuestos. Daños colaterales son el trabajo infantil, la trata de personas, etc. que van a asociados a ese tipo de actividades.

        En las Bambas, además de la extorsión a la empresa, que es el negocio principal, también están robando mineral.

        Los que han participado en estos ataques, y los otros que se han sucedido en estos diez meses trágicos, a minas grandes y pequeñas, se fortalecen cada día, reclutan a más y más seguidores, y se vuelven más violentos y arrogantes. Cuando se instale en el Perú un gobierno razonable, será muy difícil reestablecer el orden.

        Además de los cientos de millones que no ha cobrado el Estado en impuestos por la disminución de la producción, de los miles de empleos que se están perdiendo, el daño reputacional es inconmensurable. Nadie en su sano juicio invertirá en el futuro los enormes capitales que se requiere para poner en operación minas como Las Bambas (diez mil millones de dólares) o los Chancas (tres mil millones de dólares) en un país que no garantiza nada.

        Y cuyo gobierno, a través de la bancada oficialista en el Congreso, pretende desconocer los contratos y estatizar Las Bambas con una ley.

        En suma, la violencia anti minera va creciendo descontroladamente, tolerada y alentada por el gobierno. Cada día que pasa, el costo de recuperar la legalidad se hace más alto.

        Mientras tanto, las instituciones que podrían y deberían evitarlo, duermen. O se acomodan. La defensa del Perú no parece ser una de sus prioridades.

Publicado en El Reporte 5/6/22

domingo, 6 de febrero de 2022

El regreso del comunismo

 España nuevamente en manos de los herederos de los que en 1936 condujeron al país a la guerra civil y al desastre. Federico Jiménez Losantos detalla todos los despropósitos del gobierno de socialistas y comunistas que están arruinando la democracia trabajosamente recuperada. Por fortuna España está en Europa y la UE es un freno a que se convierta en otra Venezuela.



El golpe democrático

 El golpe democrático

Fernando Rospigliosi

 

        El académico turco radicado en Estados Unidos Ozan Varol, publicó en la revista jurídica de la Universidad de Harvard un interesante artículo titulado “The Democratic Coup d’État”, El Golpe de Estado Democrático, (Harvard International Law Journal, Vol. 53, No. 2, 2012).

        La tesis principal es que no todos los golpes de Estado son iguales y, aunque muchos son perpetrados por militares ávidos de poder que pretenden perpetuarse indefinidamente, otros buscan reestablecer la democracia. Así:

        La visión convencional, que considera que todos los golpes de Estado son una amenaza para la democracia y la estabilidad, debería reemplazarse por un enfoque más matizado para evaluar su conveniencia que tenga en cuenta los golpes de Estado que producen regímenes democráticos.”

        El autor señala que “según un estudio empírico reciente, en la era posterior a la Guerra Fría, el setenta y cuatro por ciento de los golpes de Estado fueron seguidos por elecciones democráticas en un plazo de cinco años”, aunque precisa que no todos esos golpes encajan en su teoría sobre el golpe democrático. Más bien Varol reconoce que “el golpe democrático es la excepción, no la norma”.

        El autor analiza específicamente tres casos que ejemplifican su teoría, los golpes de Turquía en 1960, Portugal en 1974 y Egipto en 2011. En función de esas –y otras experiencias- Varol concluye que:

aunque todos los golpes militares tienen características antidemocráticas, algunos son claramente más promotores de la democracia que otros porque responden a la oposición popular contra regímenes autoritarios o totalitarios, derrocan esos regímenes y facilitan elecciones libres y justas. Después de un golpe democrático, los militares gobiernan temporalmente la nación como parte de un gobierno interino hasta que se lleven a cabo elecciones democráticas.”

 

        Y luego precisa:

        Propongo que, aunque todos los golpes de Estado tienen rasgos antidemocráticos en la medida en que colocan a los militares en el poder por la fuerza o la amenaza de la fuerza, algunos golpes militares promueven claramente más la democracia que otros. En estos golpes de Estado, los militares responden a la oposición popular contra un régimen autoritario o totalitario, derrocan a ese régimen y facilitan elecciones justas y libres en un corto espacio de tiempo. Aunque los líderes militares, al igual que los civiles, pueden abusar de sus poderes y han abusado de ellos, existen ejemplos de golpes de Estado militares que han logrado la transición de regímenes autoritarios a democracias.”

 

        Para que corresponda a la definición del autor, la consecuencia debe ser que se posibilita la elección democrática del nuevo gobierno:

“Los militares luego entregan el poder a los líderes seleccionados por el pueblo, independientemente de sus identidades y de si sus preferencias políticas están o no en línea con las de los militares.”

        La explicación del comportamiento de los militares en estos casos, según Varol, se explica por:

“el ejército como institución, representada por sus líderes, tiene dos intereses. Primero, el ejército desea preservar y promover su posición privilegiada en la sociedad. Los militares en naciones como Egipto y Turquía disfrutan de muchos privilegios económicos y sociales y es de su propio interés proteger esos privilegios. En segundo lugar, las fuerzas armadas tienen interés en preservar la estabilidad intraestatal. Un régimen inestable es una distracción para las fuerzas armadas y distrae la atención de las fuerzas armadas de su tarea principal, que es defender a la nación de las amenazas externas. Estos dos intereses operan desde el inicio de un golpe democrático hasta su finalización.”

 

        Usualmente el interés principal de los militares es lograr la estabilidad:

“Los militares podrían dar un golpe de estado y tomar el poder del régimen autoritario y supervisar un proceso de transición que culmine con la transferencia del poder al pueblo. Esa opción posibilitaría a los militares permitir el establecimiento de un régimen más estable, emerger a los ojos del pueblo como una institución estatal creíble y preservar sus propios intereses durante un proceso de transición que controlan los propios líderes militares. (…) Sin embargo, tenga en cuenta que el propósito principal de los militares en un golpe democrático no es la promoción de la democracia. Es la preservación de la estabilidad. El establecimiento de un régimen democrático constituye el medio con el que los militares logran el resultado final de la estabilidad intraestatal”.

 

        En suma, una interesante teoría que se aparta de los moldes tradicionales.

El Reporte, 6/2/22

sábado, 5 de febrero de 2022

De crisis en crisis hasta la vacancia

 CONTROVERSIAS

Fernando Rospigliosi

De crisis en crisis hasta la vacancia

 

        El nuevo gabinete parece peor que el anterior, presidido por un individuo que es un atorrante, oportunista y con acusaciones de corrupción. No podía esperarse otra cosa de Pedro Castillo.

        La nueva crisis se desencadenó -otra vez- por las disputas de las facciones izquierdistas que integran el gobierno, crisis que también se extendió al entorno más cercano de Castillo en Palacio, suscitando la salida del Secretario General (SG).

        Así, en seis meses hay tres PCM, tres Mindef, cuatro Mininter, tres SG de Palacio, además de muchos otros cambios.

        No obstante, no hay que perder de vista que en medio del caos los comunistas siguen avanzando en ciertos objetivos fundamentales.

        Están demoliendo a la Policía Nacional (PNP), uno de sus propósitos básicos para controlar esa institución y utilizarla en sus proyectos represivos y encubridores.

        Algunos ingenuos suponen que para controlar las FFAA y la PNP los comunistas pretendían someterlas ideológicamente. Eso es una tontería. Ellos saben que no pueden conquistar a las fuerzas del orden con ideas. Su arma es la corrupción.

        No están inventando nada, sino siguiendo la línea de su admirado Hugo Chávez que logró controlar a las FFAA de su país corrompiéndolas hasta la médula, convirtiendo a los mandos en el Cartel de los Soles, una organización de narcotraficantes.

        En la Policía consiguieron establecer un proceso de ascensos corrupto -como denuncio el ex sub comandante general Javier Bueno- avalado por el entonces ministro Avelino Guillén, dirigido desde Palacio por Castillo y Bruno Pacheco, y ejecutado por el entonces jefe de la PNP Javier Gallardo.

        Ahora ya no están Pacheco, Gallardo ni Guillén -lo cual no tiene importancia porque son fusibles y desechables-, pero los ascendidos siguen ahí. Y la señal que se ha dado a la institución es que los corruptos siempre ganan.

        En las FFAA trataron de hacer lo mismo, pero la resistencia de los comandantes generales evitó que consumaran su intento. Los echaron de mala manera. La señal es clara, si alguien los desafía la próxima vez, lo botarán Y no pasará nada.

        Han puesto al frente del Mindef a un almirante retirado que precisamente avaló públicamente la maniobra de Castillo de pasar al retiro a los jefes que se opusieron al despropósito. El mensaje es clarísimo: eso lo van a volver a hacer.

        Los prefectos vinculados a Sendero Luminoso nombrados por Castillo y Guillén siguen ahí y el nuevo ministro no los va a remover. Al contrario, es seguro que seguirán designando otros similares en más prefecturas y sub prefecturas.

        El nuevo ministro del Interior, un chotano sentenciado y además con denuncias por vinculación con el narcotráfico es perfecto para los intereses de los comunistas. Va a cumplir todas sus órdenes y, cuando se produzca otro escándalo, lo desecharán sin problema.

        Al procurador Daniel Soria, que denunció a Castillo, lo echaron, tal como pidió el abogado de Castillo y el ministro de Justicia, que ejecutó la orden.

        Algunos cándidos se entusiasman porque en el MEF han puesto a un funcionario razonable. El asunto es que ahora los comunistas no pueden hacer lo que quieren porque todavía sobrevive un Congreso que no controlan y está vigente la Constitución que quieren liquidar. Por eso Castillo puede decir que no ha expropiado nada (ni ha establecido controles de precios, ni se ha apoderado de los ahorros de la gente). Pero no lo hecho porque la sencilla razón de que no puede todavía, no porque no quiere. Designando un ministro con esas características calman a los incautos que todavía esperan un cambio positivo, mientras ellos siguen avanzando.

        Finalmente, es patético el intento de un sector caviar que sostiene que este es un gabinete de derecha. Pretenden así evadir su responsabilidad en el fracaso de un gobierno que ellos ayudaron a instalarse y que han defendido -y defenderán- en la medida en que les otorgue puestos y prebendas.

        A estas alturas ya casi todos los demócratas están convencidos que la única opción para evitar la destrucción del Perú es vacar a Castillo y sus secuaces (o destituirlo por la vía de la acusación constitucional que un grupo de destacados abogados ha presentado al Congreso).

Lampadia, 2/2/22

Un típico héroe caviar

CONTROVERSIAS

Fernando Rospigliosi

Un típico héroe caviar

 

        Ahora todo el coro caviar pretende convertir en héroe al inútil y servil Avelino Guillén, con sus graznidos amplificados hasta el infinito por la inmensa maquinaria mediática que controlan o influyen. Mienten descaradamente sobre los hechos, pero sus falsedades se convierten en verdades, así como los embustes de la prensa chicha que controlaba Vladimiro Montesinos se transformaban en sucesos creíbles a fuerza de repetirse en una panoplia de medios tomados.

        Un ejemplo de la falsificación caviar sobre el desempeño de Guillén, es que supuestamente renunció en rechazo a la corrupta manipulación del proceso de ascensos y retiros que habría dirigido el jefe de la Policía Nacional, el general Javier Gallardo. Eso, por supuesto es un grotesco fraude.

        Hace dos meses y medio, el 15 de noviembre, el sub comandante de la Policía, el general Javier Bueno, hizo pública su denuncia sobre los chanchullos cometidos en ese proceso por Gallardo y, con dignidad y valor, pidió su pase a retiro. ¿Qué hizo Guillén? Avaló el inmundo proceso y con su firma acreditó sus resultados.

        Así como Pedro Castillo dijo a Fernando del Rincón que no sabía qué era el Movadef ni que los funcionarios que nombraba pertenecían a ese grupo ¿dirá Guillén que no se enteró hasta ayer que ese proceso estaba contaminado de principio a fin?

        Dicho sea de paso, para redondear la faena, ahora los medios caviares atribuyen con todo desparpajo la denuncia específica de los cobros en los ascensos a una ONG caviar, cuando fue en el programa de la periodista Claudia Toro, en PBO radio, hace dos domingos, que el general (r) Bueno lanzó la bomba que precipitó la salida de Guillén.

        La técnica caviar, copiada de Montesinos, es ocultar parte de la realidad, desaparecerla, y reemplazarla por otra fabricada por ellos. Pueden hacerlo porque controlan una inmensa maquinaria mediática donde casi exclusivamente aparecen y opinan caviares, que refuerzan sistemáticamente las falsedades que manufacturan.

        Guillén también se prestó al siniestro juego de Castillo nombrando prefectos vinculados a los organismos de fachada de Sendero Luminoso, que ahora se dedicarán a hacer agitación política en todo el país, financiados y protegidos con la cobertura del Ministerio del Interior, que es el que debería investigarlos y eventualmente perseguirlos.

        Públicamente, con toda desfachatez, Guillén defendió esos nombramientos, aduciendo que esos agitadores no tenían una sentencia judicial.

        Recientemente justificó la peligrosísima decisión del gobierno comunista de declarar el estado de emergencia, suspendiendo las garantías constitucionales, e involucrar a las Fuerzas Armadas en la lucha contra la delincuencia. Esas son medidas populistas que no ayudan a reducir el delito, pero en manos de un gobierno como el actual implican un claro peligro para la democracia. Esas son medidas que los caviares nunca suscriben, pero ahora callaron oportunistamente para sostener al ministro que les permitió regresar masivamente al Mininter.

        Finalmente, no hay nada que decir sobre los logros de Guillén, porque no existen.

 Expreso 31/1/22

Los maestros también roban

Los maestros también roban

Fernando Rospigliosi

 

        El viernes pasado, en Ancash, Pedro Castillo profirió otra de las necedades con las que suele aderezar los mítines (es lo único para lo que sí está entrenado) que constantemente perpetra en todo el país: “¿Ustedes creen que un maestro rural le va a robar al Perú?” dijo.

        La repetición de su permanente intento de victimización, la idea roussoniana de que es un “buen salvaje”, un modesto campesino y maestro puro e inmaculado, que no se va a corromper con las tentaciones de la política y el capitalismo.

        La realidad de esos maestros provinciales y rurales es, desgraciadamente, que son muy corruptos, aunque como en todas las profesiones y oficios hay también gente muy sacrificada y honesta.

        Una excelente investigación del antropólogo Ludwig Hubner del Instituto de Estudios Peruanos en Ayacucho desnudó esa triste realidad, “Romper la mano. Una interpretación cultural de la corrupción” (IEP, Proética). El libro trata de la pequeña corrupción en el ámbito de la educación.

        Una encuesta nacional realizada por el Foro Educativo, señala Hubner, descubrió que el 62% considera que la corrupción en los centros educativos es el principal problema que afecta la calidad de la educación y está en el primer lugar de las preocupaciones de los encuestados.

        En verdad, todo el mundo conoce la situación. En Ayacucho, lugar de la investigación, “hay una consciencia muy marcada de que el sector educativo es uno de los más corruptos”. Y no es diferente en el resto del país.

        Un funcionario del sector entrevistado por el autor resume la situación: “Trabajar en educación es como hacer una maestría en corrupción”. A la luz de lo que se ha visto en los últimos seis meses, Pedro Castillo tiene licenciatura, maestría, doctorado y post doctorado en esa materia.

        Un asunto muy difundido es la ausencia de profesores, sobre todo en zonas rurales, donde los docentes “aducen problemas de salud para no asistir a su centro de labores”. En zonas pobres y remotas la tasa de ausencia es 21%. Castillo, además, usó la licencia sindical para ausentarse –según reportes periodísticos- siete años con su sueldo pagado. Aunque en este caso, hay que reconocerlo, eso fue beneficioso para los alumnos.

        No obstante, otro estudio indica que la ausencia puede llegar al 30%. Uno de los autores de ese trabajo –“Corrupción y pobreza” (2004)- es nada menos que Pedro Francke, que entonces no puede fingir ignorancia respecto a su actual jefe. Más aún, si el propio Francke describe una característica que es típica de Castillo, “corruptelas apañadas en reivindicaciones sectoriales”, exactamente lo que hizo en su carrera de agitación sindical, defendiendo esas corruptelas con el Conare-Fenate.

        Las modalidades de corrupción son múltiples y abarcan todos los rubros: “los malos manejos de los fondos obtenidos [en las escuelas] como recursos propios, el cobro por otorgar un certificado o por matrícula, los alquileres del local, las concesiones de las tiendas escolares, la venta de insignias, etc.”

        También “la relación nada pedagógica entre docentes y alumnos, que incluye salidas a emborracharse, los amoríos o el acoso sexual, hasta la venta de notas o el cobro para aprobar cursos, sea en dinero o en especies”.

        Por último, la condena a la corrupción tiene un carácter ritual, dice Hubner “es cosa sabida, tolerada y hasta celebrada pero es obligatorio condenarla. Mientras la retórica se caracteriza por una adhesión formal a las normas del sistema y una condena unánime de la corrupción, en su hábito cotidiano la gente se ha acostumbrado a practicarla, y lo hace con mucha facilidad y destreza”.

        Que es exactamente lo que hace Castillo, condenando la corrupción cada vez que abre la boca, pero practicándola desenfrenadamente todos los días.

        Así pues, habría que advertirle a Castillo que deje de intentar presentar esa imagen bucólica y falsa del maestro provinciano honesto y trabajador, que no corresponde en absoluto a la realidad. Y que, a juzgar por el estudio de Hubner, todo el mundo lo sabe.

        Para confirmarlo, baste recordar la reciente venta masiva de los exámenes para maestros, que involucró directamente al ministro de Educación Carlos Gallardo –entusiasta activista de Fenate como Castillo- y motivó su censura.

        En conclusión, mi respuesta a la pregunta de Castillo “¿ustedes creen que un maestro rural le va a robar al Perú?” es sí, sin duda, sí. Y supongo que muchos coincidirán, como lo demuestra la reciente encuesta de Ipsos para Lampadia donde 50% cree que está vinculado a la corrupción (un 41% no cree eso).

        Finalmente, insisto, hay maestros en todos los ámbitos sacrificados, competentes y honestos que hacen un excelente trabajo pese a la precariedad en que se desenvuelven, pero claramente Castillo no es –ni nunca fue- uno de ellos.

El Reporte 30/1/22